MARCOS 10:13-16; MATEO 19:13-15

QUIÉNES ERAN

Los textos de los diferentes evangelios simplemente indican que se trataba de unos niños. Bajo esta denominación tan amplia cabrían todos aquellos comprendidos entre las edades de 0 y 12 años. Sin embargo, el hecho de que Jesús los tomara entre sus brazos nos sugiere que tal vez se trataba de niños de corta edad. También es importante para nosotros entender la poca estima que se tenía hacia la infancia en aquellos tiempos. Los niños eran considerados personas sin importancia, sin opinión y, por tanto, no dignas de molestar con su presencia o sus reclamos a los adultos. Aquí podemos observar, de nuevo, como Jesús tenía una especial preocupación y mostraba un especial interés por aquellos que en la sociedad de su tiempo eran considerados como inferiores o despreciables, leprosos, mujeres, niños, recaudadores de impuestos y pecadores en general.

EN QUÉ CIRCUNSTANCIAS SE ENCONTRARON CON JESÚS

Los padres de aquellos niños deseaban que Jesús los bendijera. Sabemos por la cultura judía de la época que era normal el que se buscara la bendición de parte de un maestro u hombre santo, manera en que, sin duda, Jesús era percibido. La típica bendición judía consistía en imponer las manos sobre el niño y pedir la bendición de Dios sobre su vida, para que fuera un buen estudiante de la Ley y para que su vida estuviera caracterizada por las buenas obras.

Los discípulos, sin embargo, reprendieron a aquellos que se acercaban a Jesús con el buen propósito de que sus hijos pudieran ser bendecidos. Hay dos posibles razones para esta actitud de parte de los acompañantes de Jesús. La primera, es que tal vez esto suponía un retraso en la comitiva del Maestro que estaba, como bien sabemos, en constante movimiento de un lado a otro. Así lo indican algunos comentaristas bíblicos. La segunda, y todo sea dicho de paso, la más probable, es que consideraban, siguiendo el pensamiento en boga en la época, y del cual ya hemos hecho mención, que los niños eran seres sin importancia y, que por tanto, no merecían la atención del Maestro y que este les dedicara un poco de su limitado tiempo. Parece lógica que respondiendo a este tipo de mentalidad les dijeran a los padres que no molestaran con tonterías a Jesús.

El punto más interesante aquí es que Jesús captó la situación y se enojó con sus discípulos. Vale la pena remarcar el enojo de Jesús. Conociendo al Maestro sabemos que sus reacciones siempre estaban en consonancia con la importancia de la situación. El enojo no aparece con demasiada frecuencia entre sus reacciones, y cuando lo hace es porque la importancia del hecho así lo requiere. Jesús reprendió a sus discípulos porque estaban impidiendo que aquellos niños pudieran acercarse hasta él.

QUÉ IMPACTO PRODUJO EL ENCUENTRO EN SUS VIDAS

Los niños fueron bendecidos por Jesús quien les mostró su cariño y afecto estrechándolos entre sus brazos. De nuevo vemos a Jesús preocupado por ministrar, en este caso a los pequeños, de una manera integral, no sólo pidió al Padre por ellos –ese es el propósito de la bendición- sino que también cuidó la necesidad emocional de afecto y protección.

Pero también los discípulos recibieron un buen impacto. Aprendieron que en el Reino las jerarquías son diferentes que en la sociedad civil y que Dios tiene un especial interés, muy especial, por aquellos que nuestro mundo considera personas de segunda clase ya sea debido a su edad, sexo, condición racial, religiosa, económica o cultural. Los discípulos vieron que los niños eran importantes, como ya habían aprendido –y lo verían más veces en el futuro- que también lo eran las mujeres –la samaritana fue la primera a quien Jesús claramente reveló su identidad como Mesías y María Magdalena fue el primer testigo de la resurrección- los leprosos o todo tipo de marginados en general.

QUÉ APLICACIÓN TIENE PARA NOSOTROS

Este pasaje tiene varias aplicaciones importantes para nosotros. En primer lugar, nos llama la atención sobre quién es importante a los ojos de la sociedad y quién es importante a los ojos de Dios. No cabe ninguna duda que el Señor ama por igual y murió por todas las personas, sin importar su distinción, sin embargo, no deja de ser también verdad que aquellos necesitados, pobres y desamparados tienen un especial lugar en su corazón y las páginas de las Sagradas Escrituras lo atestiguan una y otra vez. Debemos, pues, ver a las personas tal y como el Maestro las ve y no dejar que la escala de valores de la sociedad con su clasismo y discriminación infecte nuestra perspectiva de los seres humanos.

En segundo lugar, hay una clara advertencia en este pasaje para que con nuestras vidas no nos convirtamos en obstáculos para que otros puedan acercarse a Jesús para ser bendecidos. Hay varias maneras en que podemos ser de impedimento. Nuestra indiferencia hacia el necesitado que busca la bendición de Jesús puede ser una peligrosa manera. Nuestras actitudes y prejuicios pueden colaborar en tal negativo sentido. Por ultimo, nuestra conducta, nuestro estilo de vida puede provocar tal rechazo que haga totalmente imposible para otros el ni siquiera intentar un acercamiento a Jesús. Es imposible no recordar las palabras del Señor al respecto: Siempre habrá incitaciones al pecado, pero ¡ay de aquél que haga pecar a los demás! Mejor le sería que le arrojasen al mar con una piedra de molino atada al cuello, que hacer caer en pecado a uno de estos pequeños. ¡Tened cuidado!

Una última aplicación es que el Maestro está siempre esperando con sus brazos abiertos para estrecharte entre ellos, confortarte emocionalmente y bendecirte según tu necesidad.

PREGUNTAS DE APLICACIÓN

1. ¿Quiénes son las personas rechazadas, las que nadie tiene en cuenta, que hay a tu alrededor? ¿Puedes ser de bendición para ellas? ¿Cómo?
2. ¿Es posible que tu vida sea un impedimento para que otros puedan acercarse a Jesús? ¿Tal vez tus prejuicios, actitudes, conducta, o simplemente tu indiferencia?
3. ¿Estás necesitado de que Jesús te acoja entre sus brazos, te estreché y te bendiga? Si es así, toma un tiempo para experimentarlo ahora en tu vida.