MATEO 22:15-22; MARCOS 12:13-17; LUCAS 20:20-26

IDEA PRINCIPAL

JESÚS CONOCE NUESTRAS AUTÉNTICAS MOTIVACIONES.

QUIÉNES ERAN

Los evangelistas nos indican que eran fariseos, de los que ya hemos hablado, y algunos del partido de Herodes. Podemos suponer que los herodianos eran los que apoyaban el gobierno de Herodes Antipas, tetrarca de Galilea y de Perea. Algunos estudiosos de la Biblia piensan que deseaban que Herodes también pudiera gobernar Judea, que en aquella época era una provincia imperial romana gobernada por un legado o procurador.

En una situación normal, los fariseos y los herodianos no tendrían nada en común, sin embargo, un enemigo compartido, a menudo, crea extraños compañeros de cama. Tal vez, la razón por la cual los herodianos se oponían a Jesús era su relación con Juan el Bautista que, como sabemos, había sido un abierto crítico del gobernante de Galilea y su inmoral estilo de vida.

EN QUÉ CIRCUNSTANCIAS SE ENCONTRARON

Jesús estaba enseñando en el templo y nos encontramos en el contexto de su conflicto con la elite política y religiosa del país, representada por los fariseos y los herodianos. La finalidad era tenderle una trampa, de tal manera que pudieran enfrentarlo, o bien con el poder romano, o bien con el pueblo que odiaba profundamente a los opresores.

Para conseguir esto se acercaron a Él con una pregunta muy bien pensada y elaborada. Todo parecía indicar que, fuera cual fuera su respuesta, se ganaría irremediablemente la enemistad de uno u otro bando.

Sus enemigos tendieron una estrategia muy sutil. En su aproximación enumeraron algunas de las virtudes del Maestro, sabemos que tú siempre dices la verdad, sin dejarte llevar por lo que dice la gente, porque no juzgas a los hombres por su apariencia. Tú enseñas a vivir como Dios ordena. A continuación, lanzaron su pregunta envenenada, ¿Estamos nosotros obligados a pagar impuestos al César, sí o no? ¿Debemos o no debemos pagarlos?

QUÉ IMPACTO PRODUJO EL ENCUENTRO EN SUS VIDAS

Jesús, naturalmente, se dio cuenta de sus intenciones y motivaciones y les respondió con esa frase que se ha hecho tremendamente famosa y es por todos conocida. Herodianos y fariseos respondieron con estupefacción, es decir, con pasmo y admiración por su sabiduría. Habían intentado capturar a Jesús en una trampa y no habían podido, no habían sido capaces.

Tristemente, sin embargo, aquellos hombres no recibieron un impacto espiritual de parte del Maestro. Reconocieron su capacidad de eludir sus trampas, se admiraron de su hábil respuesta pero no fueron transformados por el carácter de Jesús.

Y hemos de decir esto con tristeza porque aquellos hombres conocían y eran sabedores de las cualidades y virtudes de las que Jesús hacía gala. No dudaron en usarlas para halagarle y tratar de establecer una falsa confianza en Él. A pesar de ver esas virtudes en el Señor no quisieron reconocerlas, no les movió a una aceptación de Jesús, sino antes al contrario, al antagonismo y a desear a cualquier precio su destrucción.

Fueron personas expuestas al carácter de Jesús, pero esta exposición, lejos de ablandarlos espiritualmente, endureció su corazón y provocó en ellos más maldad y antagonismo hacia Él.

QUÉ APLICACIÓN TIENE PARA NOSOTROS

Uno de los problemas de acercarnos a Jesús es que somos totalmente transparentes ante Él, nos guste o no. Es inútil que intentemos disimular nuestras auténticas motivaciones o razones, el Maestro las conoce perfectamente y no se dejará impresionar por nuestros posibles halagos o nuestra espiritualidad fingida.

Por tanto, esto nos reta a plantearnos con qué motivación nos acercamos a Jesús y a analizar nuestro corazón y nuestras intenciones antes de venir a su presencia. Una vez allí, están serán puestas de manifiesto y no podremos ocultarlas, disimularlas o justificarlas.

Por otro lado, también es cierto que el corazón del ser humano, tal y como dice la Escritura, es engañoso, incluso aunque previamente hayamos analizado y meditado en nuestras auténticas intenciones, en ocasiones podemos engañarnos a nosotros mismos de manera muy profunda y ser ignorantes de lo que hay en el fondo de nuestro corazón. Saber que Él sabe, puede ser para nosotros la oportunidad de decirle a Jesús que nos ayude a discernir nuestras auténticas motivaciones, porque tal vez, ni siquiera somos conscientes de ellas. Las palabras del salmo 139: 23 y 24 nos señalan en esa dirección.

Oh Dios,
Examíname, reconoce mi corazón;
Ponme a prueba, reconoce
Mis pensamientos;
Mira si voy por el camino del mal,
Y guíame por el camino eterno.

PREGUNTAS DE APLICACIÓN

1. ¿Hay transparencia en tu vida?
2. ¿Puedes acercarte a Jesús sin que haya motivaciones, razones, intenciones ocultas?
3. ¿Puedes acercarte a Jesús sin que haya pecado no confesado en tu vida?
4. Conoces el carácter de Jesús ¿Has permitido que te impacte y se refleje en ti?