QUIÉN ERA

MATEO 15:21-28; MARCOS 7:24-30

Mateo indica que se trata de una mujer cananea. Marcos es más específico y nos señala que nos encontramos ante una persona de origen siro fenicio, habitante de la zona de Tiro y Sidón, localidades marítimas al norte de Galilea, enclavadas en lo que hoy en día serían Líbano y Siria. De esta mujer se nos dice que tenía una hija poseída por un demonio y que la pobre criatura sufría terriblemente.

EN QUÉ CIRCUNSTANCIAS SE ENCONTRÓ CON JESÚS

¿Es posible que Jesús estuviera yendo a territorio gentil para alejarse de las presiones que los constantes enfrentamientos con los fariseos le provocaban? Decidió marchar a la región de Tiro y Sidón justo después de su primer gran enfrentamiento con los religiosos de Jerusalén.

Una mujer gentil que vivía en aquella región le salió al encuentro dando gritos. Aquella mujer, a pesar de que se nos indica su origen no judío, se dirige a Jesús utilizando un título mesiánico, Hijo de David, y pidiéndole que tenga compasión de ella ya que posee una hija poseída por un demonio y que sufre terriblemente. El texto, de manera sorprendente, nos dice que Jesús no le contestó y, simplemente, continuó su marcha sin inmutarse.

Pero la mujer no cejó en su empeño. Fue tras Él y el grupo de discípulos dando voces para llamar la atención de Jesús y requerir su intervención en la situación de sufrimiento de su hija. La cosa debió de ponerse tan tensa que provocó nerviosismo entre los seguidores de Jesús que le pidieron que despidiera a aquella mujer.

Entonces se produce ese interesante e inusual diálogo entre Jesús y la mujer. El Maestro indica que ha sido únicamente enviado a las ovejas perdidas del pueblo de Israel. Pero la mujer no paró en su intento, el texto, con un gran dramatismo, nos indica que puesta de rodillas le dijo a Jesús, ¡Señor, ayúdame! Pero, Jesús también insistió en su negativa a conceder lo que pedía. Las contundentes palabras de aquella mujer, pero hasta los perros comen las migajas que caen de las mesas de sus amos. Provocaron una no menos sorprendente respuesta de parte del Señor, ¡Mujer, que grande es tu fe! Hágase como quieres.

QUÉ IMPACTO PRODUJO EL ENCUENTRO EN SU VIDA

No es escandaloso afirmar que aquella mujer "luchó" con Dios y venció. Aquella mujer fue doblemente honrada por Jesús, por una parte, elogió su fe, exclamando que era grande. Por otra parte, vio colmadas las esperanzas y deseos de su corazón y recompensada su persistencia, ver a su hija sanada y, por tanto, en condiciones de poder vivir una vida normal. Vemos una vez más como el encuentro con Jesús cambia a las personas más allá de su dimensión espiritual.

QUÉ APLICACIÓN TIENE PARA NOSOTROS

Cuando algo es importante para nosotros, realmente importante, no cejamos en nuestro empeño hasta que lo hemos conseguido. Cuando algo es prioritario para nosotros, sea por un sentido de urgencia, de necesidad o desesperación, podemos volvernos increíblemente persistentes en nuestros esfuerzos por lograrlo, moviendo cielos y tierra si fuera necesario.

Esta mujer, que ni siquiera era judía, ilustra lo dicho anteriormente traspasado al campo de la oración de intercesión. La súplica de aquella persona fue una petición que expresaba una fe que sabía lidiar con Dios y argumentar con el Señor. Su persistencia puso de manifiesto cuán importante era para ella la curación de su hija, pero también demostraba su confianza en la capacidad del Señor en responder.

En ocasiones, nuestra oración carece de ese sentido de "lucha con Dios". Oramos, y si no recibimos una respuesta con una cierta inmediatez, dejamos de hacerlo, ya no insistimos, ya no continuamos haciéndolo. Nuestra oración, a menudo, se ha contagiado del carácter de inmediatez que es tan importante y predominante en nuestra sociedad.

Dejamos de orar al no tener respuesta inmediata. Dejamos de perseguir a Dios a gritos pidiéndole su intervención. Y, lo que es peor, nuestro dejar de pedir y clamar pone de manifiesto que tal vez no era tan importante, que no era tan necesario como nosotros pensábamos y que desconocemos el carácter de nuestro Dios quien, muya menudo, trabaja por medio de procesos que llevan tiempo y que tardan en manifestarse.

PREGUNTAS DE APLICACIÓN

1.¿Existen situaciones en tu vida que precisan que "luches" con Dios en oración? Identifícalas

2.¿Refleja tu oración el mismo sentir y actitud que aquella mujer gentil?

3.El ejemplo de la mujer siro fenicia ¿Cómo puede ayudarte a desarrollar una actitud de persistencia en tu oración?

4.¿En qué cosas deberías aplicara?