El que respeta al Señor, rechaza al mal. Yo detesto el orgullo y la arrogancia, los malos caminos y la boca que dice mentiras.

 

No hay manual que se precie que de tanto en tanto no nos ponga un examen para que nosotros mismos nos podamos evaluar, ver dónde estamos y qué cambios deberíamos de incorporar en nuestras vidas.

He oído infinidad de ocasiones la afirmación que la Biblia es difícil de entender, que hay contradicciones, que no es clara, que es algo escrito para siglos pasados y no es relevante para la actualidad y un largo etcétera. Pero yo, como muchos otros, siempre hemos pensado que el problema no radica en aquellas partes de la Escritura que no entendemos, antes al contrario, radica en aquellas que si entiendo, ya que son estas las que me confrontan.

Este simple versículo del capítulo 8 de Proverbios me ofrece un "test" para que verifique cosas que, o debo eliminar de mi vida o que debo incorporar. 

Debo rechazar activamente todo tipo de mal (acciones, omisiones, pensamientos, motivaciones)

Debo detestar el orgullo, naturalmente en otros, pero también en mí mismo.

Debo detestar la arrogancia, la chulería, el desprecio a otros. De nuevo tanto en otros como en mi vida.

Debo detestar los malos caminos, es decir, los estilos de vida que no honran a Dios y que no son conformes con su carácter y su forma de ver el mundo.

Finalmente, debo aborrecer la mentira en todas sus manifestaciones.

Comparar mi vida con estos principios básicos en una buena manera de aplicar Proverbios -el manual para la vida cotidiana- a mi propia experiencia y ver qué pasos prácticos esa comparación me invita a dar.