Conserva mis mandatos y vivirás.

 

Soy un amante de la literatura fantástica y los héroes de las grandes sagas me apasionan. Normalmente el protagonista de las mismas posee algo que le da una protección especial contra sus enemigos, sobre todo, porque estos pueden ser realmente poderosos. De hecho, sin esa protección nuestro héroe no podría sobrevivir.

Pienso que la vida también es, hasta cierto punto, una gran aventura épica. Día tras día tenemos que enfrentarnos con circunstancias, realidades y personas que, a menudo, nos sobrepasan y pueden producir en nosotros mucha frustración, desánimo y un gran sentido de impotencia y derrota. En otras ocasiones nos vemos luchando con situaciones que nos pueden destruir y causar mucho daño a nivel físico o emocional.

Proverbios, nuestro manual para la vida, nos da una solución para lo antes descrito. Si lees nuevamente el versículo que encabeza esta entrada verás que suena realmente a una película de aventuras donde el protagonista recibe el encargo de conservar los mandatos para poder vivir.

La vida no es una película, pero realmente es una aventura. Los mandatos del Señor, el conocerlos y conservarlos nos proveen una protección contra tantos y tantos peligros descritos anteriormente. Nos dan las armas defensivas y ofensivas para poder pasar por la experiencia de la vida recibiendo el menor daño posible y, al mismo tiempo, siendo de bendición como agentes de restauración para otros.

Conoce y conserva en tu corazón los mandamientos de Dios, son tu talismán, tu defensa en esa aventura épica que es tu vida, te protegerán y darán vida.