Sobre todas las cosas cuida tu corazón,
porque éste determina el rumbo de tu vida.

 

Para un contemporáneo el corazón es el centro de la vida emocional, donde residen nuestras emociones, sin embargo, no era lo mismo para un judío. En la concepción judía de la vida las emociones residían en las entrañas, en los intestinos, por eso todavía el idioma castellano guarda algunas reminiscencias de esta idea. Cuando una persona no tiene capacidad de sentir empatía o compasión le denominamos una persona sin entrañas. Del mismo modo cuando algo mueve positivamente nuestras emociones lo llamamos entrañable.
 
Para un judío el corazón era el centro de control de nuestra vida, donde se tomaban las decisiones, donde, como indica el pasaje que encabeza esta entrada, se determina el rumbo de la vida de una persona. Es el corazón el que se ha visto afectado por el pecado y por eso es denominado por la Escritura como engañoso más que todas las cosas. También por esa razón cuando la Palabra habla de cambio en la vida de una persona habla de sustituir un corazón de piedra por un corazón de carne. También esta es la razón por la que cuando decidimos seguir a Jesús le pedimos que entre en nuestro corazón.
 
Todo esto justifica el consejo dado por el escritor de Proverbios de guardar el corazón ya que el estado del mismo determinará la manera en que vivamos y, consecuentemente, los resultados que cosechemos en nuestra vida. La mejor manera de cuidarlo es alimentarlo con dosis adecuadas de Dios y su Palabra pues ambas cosas irán moldeando nuestro corazón y, como resultado, nuestra propia vida.
Cuidar el corazón alimentándolo con la perspectiva que el Señor tiene de la vida no es un lujo, es una necesidad importante, es una prioridad que todo seguidor de Jesús debe cultivar.