Levanta la voz por los que no tienen voz;

¡Defiende a los indefensos!

Levanta la voz y hazles justicia;

¡Defiende a los pobres y los humildes!

 

Estas palabras vienen del último capítulo de Proverbios, el manual para la vida. Son muchos los consejos acerca del bien vivir que destilan de las páginas del mismo. Muchos de ellos centrados alrededor de la persona y de cómo esta debería edificar su proyecto personal de vida, cómo manejar las relaciones interpersonales, cómo volverse más sabio.

Pero estas palabras hacen que nos demos cuenta que no podemos vivir de forma egocéntrica pensando que el universo entero debe girar alrededor nuestro, nuestras necesidades, nuestros sentimientos, nuestros deseos, en definitiva, nosotros.

El autor de Proverbios nos fuerza y desafía a mirar más allá de nosotros mismos y fijarnos en los más pobres, necesitados, desvalidos y oprimidos y como seguidores de Jesús a ir un paso más allá de la contemplación lastimosa e involucrarnos en que las necesidades de estas personas puedan ser satisfechas y su voz, reprimida, suprimida, desatendida, pueda ser escuchada y más allá de la caridad reciban la justicia que merecen.

Por eso, al leer estas palabras vienen a mi mente otras del mismo Jesús, aquellas en las que afirmaba que deseaba misericordia y no sacrificios, cuando indicaba que todo aquello que le hacemos o dejamos de hacer a uno de esos pequeños a él mismo se lo estamos haciendo.

Estamos llamados a construir el Reino y eso pasa por una lucha contra el mal y la injusticia, la opresión, la marginación y el abuso no están en línea con la voluntad del Señor, son un resultado del pecado.