El hierro afila al hierro, el hombre en el trato con su prójimo.

Pues es verdad, las relaciones interpersonales son una escuela de formación de nuestro carácter.

En el trato con otros seres humanos hay siempre, como mínimo, dos direcciones, mi trato hacia la otra persona y cómo yo reacciono a la forma en que soy tratado por el otro. Esta dinámica es la que hace que las relaciones sean un gran forjador de nuestro carácter.

Cualquier observador neutral puede deducir mucha información acerca de nosotros al observar nuestra relación con otras personas. Nuestras acciones, nuestras omisiones, nuestros comentarios, nuestras reacciones, nuestro lenguaje verbal, lo que decimos y lo que dejamos de decir, todo ello indica cómo somos y pone de manifiesto fragmentos de nuestra manera de ser. Nosotros mismos podríamos deducir esa misma información y, por tanto, crecer y madurar como personas introduciendo los cambios que fueran necesarios si nos paráramos para evaluarnos y reflexionáramos acerca de cómo nos relacionamos con otros. Sin embargo, ya hemos hablado en más de una ocasión sobre el poco hábito de reflexionar sobre la vida que la mayoría de nosotros tenemos. 

Pero los otros, cuando nos relacionamos con ellos, también nos brindan muchas oportunidades para forjar nuestro carácter. El prójimo, nos puede ofrecer modelos a imitar o evitar. El prójimo puede poner de manifiesto carencias que hay en nuestra vida tales como la necesidad de controlar la ira, la rabia, el aceptar retroalimentación, el no pagar con la misma moneda, el no convertirnos nosotros mismos en necios como nos enseñaba el capítulo anterior de Proverbios.

En resumidas cuentas, en relación con el otro me formo yo mismo. Me formo para bien o para mal. Influyo a otros y otros me influyen a mí. Debo pensar y evaluar cómo mi influencia afecta a otros y, si no es positiva, cambiarla. Y, al mismo tiempo, debo de valorar cómo los otros influyen sobre mí, qué cosas debería neutralizar de esa influencia y qué cosas pone de manifiesto que debería cambiar y trabajar.