En una cosa coinciden el rico y el pobre: a ambos los hizo el Señor.

Esta frase me ha hecho pensar en una de las verdades fundamentales que sostengo como seguidor de Jesús, que todos los seres humanos son iguales en valor y dignidad por el hecho de que todos, sin excepción, han sido creados por Él y, consecuentemente, reflejan su imagen por muy distorsionada que pueda estar en la vida de algunas personas en comparación con otras.

Esto se ver reforzado por el hecho de que Dios no hace acepción de personas y que entregó a su hijo único para que muriera por todos los seres humanos sin excepción. 

Nosotros, como seguidores de ese Dios, no podemos hacer acepción de personas ni preferir a unos en detrimento de otros como pasaba en algunas comunidades cristianas del siglo primero, donde los ricos recibían preferencia sobre los pobres- según nos indica Santiago el hermano de Jesús.

Porque igual dignidad como ser humano tiene el pobre como el rico y, por extensión, el gordo y el delgado, el homosexual y el heterosexual, el negro y el blanco, el de izquierdas y el de derechas, el calvinista y el arminiano, el carismático y el fundamentalista, el católico y el evangélico.

Debemos aprender a ver a los seres humanos tal y como los ve el Señor, el cual los amó tanto que, a pesar de que somos pecadores, Cristo murió por nosotros. Así pues, cada vez que nos sintamos tentados a despreciar, juzgar o hacer acepción de personas no olvidemos que fueron creados a la imagen de Jesús.

Santiago Benavides, amigo y cantautor colombiano lo ha reflejado de forma perfecta en una canción que, si lo deseas, puedes escuchar siguiendo este enlace:  http://www.youtube.com/watch?v=8_fUaM2kdWQ