Persona sensata domina su ira y tiene a gala disculpar una ofensa...

Escucha el consejo, acepta la corrección y al final llegarás a sabio.

El libro de Proverbios está escrito para que podamos convertirnos en personas sabias. El sabio, según Dios, es aquel que tiene la capacidad de vivir la vida con sentido y propósito disfrutándola sean cuales fueren las circunstancias. Por eso, afirma el manual de la vida, el principio de toda sabiduría es reverenciar a Dios, tenerlo en cuenta a la hora de poner en marcha nuestro proyecto vital. 

Sobre este principio edificamos. Cuanto más adaptamos nuestro estilo de vida a los principios de Dios más sabios nos volvemos y, consecuentemente, más disfrutamos de la vida y más plenos nos sentimos. Por eso Proverbios está lleno de consejos que nos ayudan a hacer los ajustes necesarios en las diferentes áreas de nuestra vida.

En el capítulo 19 hay tantos consejos que se me hace difícil, muy difícil, el poder singularizar para comentar. He escogido, sin embargo, los tres que aparecen al comienzo de esta entrada: escuchar el consejo y la corrección, dominar la ira y pasar por alto de ofensa.

El primero tiene que ver, nuevamente con nuestra capacidad de recibir retroalimentación. En esta frase se relaciona directamente la sabiduría con nuestra actitud frente a nuestros puntos ciegos y a lo que aquellos que nos aman nos quieren hacer ver y considerar. No hay posibilidad de crecimiento y madurez, en definitiva de sabiduría, sin escuchar a otros y lo que tengan que decirnos.

Los dos últimos tienen que ver con las relaciones interpersonales y se nos dan sugerencias para poder navegar esas aguas tan complicadas. Una es tener la capacidad de dominar nuestra ira. La ira es una respuesta de indignación ante algo que percibimos como injusto o que atenta contra nuestro código moral o ético. La ira es un sentimiento legítimo y, como ya he comentado en alguna otra ocasión, demuestra tener una salud moral. Pero aquí Proverbios está hablando de la ira incontrolada que se convierte en rabia y, o bien destruye a otros, o bien nos destruye a nosotros mismos.

Finalmente, habla de pasar por alto las ofensas, no tenerlas en cuenta. Hace falta mucha madurez y mucha práctica para poder poner en práctica esta verdad que tanto bien puede hacer en cuanto a las relaciones interpersonales. 

Creo que Dios ayuda en estas tres áreas. Cuando escuchamos a Dios es más fácil escuchar a otros. Cuando tenemos una comunicación fluida con Él es más fácil descargar sobre Él la ira y las ofensas.