Hay caminos que parecen rectos y al final son caminos de muerte.

 Parece es la palabra clave en este fragmento del capítulo 14 del libro de Proverbios porque, con demasiada frecuencia, las apariencias engañan y las cosas, lamentablemente, no son como nosotros pensábamos o queríamos pensar engañándonos a nosotros mismos.

Dado pues el carácter engañoso que la realidad puede tener se impone el pararse y reflexionar y, seamos honestos, ambas cosas son muy difíciles. Cuando vamos impulsados por el deseo, cuando realmente queremos algo, cuando nos hemos convencido a nosotros mismos que lo necesitamos, que es esencial para nuestras vidas, es muy complejo tener la suficiente capacidad para pararnos, tomar distancia y hacer una evaluación de los aspectos a favor y en contra. Pararse es el paso previo a la reflexión.

La reflexión consistiría, como ya mencionaba en el anterior párrafo, en pensar más allá de lo evidente y de los dictados de nuestros deseos. Consistiría en ver las implicaciones, las consecuencias, las derivaciones. Hacer un esfuerzo por ver más allá de lo evidente y asegurarnos que no estamos siguiendo un camino que, a pesar de las apariencias, no nos llevará a la muerte en un sentido amplio de la palabra.

Pero creo que, en muchas ocasiones, la reflexión es un proceso social. Dado el carácter engañoso de nuestro corazón no podemos, o incluso no debemos, hacerlo solos. Precisamos del consejo, la retroalimentación de otros  nuestro alrededor que pueden ver aquello que nos está vedado, que no tenemos la capacidad de percibir por diferentes razones. Esta realidad -que la reflexión es un proceso social- enlaza con lo que hemos visto en otros fragmentos de Proverbios, la imperiosa necesidad de buenos consejeros.