El triunfo depende de los muchos consejeros.

Así lo afirma el libro de Proverbios y creo que así lo confirma la experiencia de muchos de nosotros. No creo que la Biblia nos esté invitando a dejar en manos de otros nuestra responsabilidad personal de decidir lo que sea mejor y más adecuado para nuestras vidas. Todos hemos estado tentados a dejar que otros decidan por nosotros y, de esa manera, no tener que pensar o afrontar las cosas.

Creo que el autor de Proverbios sabe que hay ocasiones en las cuales carecemos de toda la información, no tenemos todas las perspectivas, no tenemos la experiencia previa sobre la vida que otros han acumulado o, simplemente, emocionalmente no estamos en condiciones de hacer un juicio equilibrado sobre posibilidades e implicaciones. Entonces es cuando necesitamos el consejo de otros.

Pero esos “otros" han de ser personas con criterio, han de ser personas que estén, según mi opinión, bien basadas en las Escrituras para que su consejo pueda tener ecos de la voz de Dios. Además, han de ser personas que nos digan lo que necesitamos oír, nos o guste o no, y no simplemente gente que confirme nuestras decisiones ya tomadas y no nos lleve la contraria.

Disponer de ese tipo de gente es un lujo, buscarlos, una necesidad.