Pero el que me preste atención vivirá seguro.

 

Hoy doy comienzo a mi estudio del libro de Proverbios y lo he enfocado como si estuviera leyendo un manual para la vida cotidiana. Veo la vida cada vez más compleja, más complicada, más poliédrica, llena de matices, de grises, de detalles, de perspectivas. Todo ello hace que sea más y más complicada encontrar orientación para vivir de forma que no nos destruyamos y, a la vez, agrademos a Dios. El libro de Proverbios puede ser de ayuda en este sentido.

 

La promesa que ofrece es seguridad para la vida, eso si, es un promesa condicional. Condicionada a que nosotros cumplamos nuestra parte y esta es, ni más ni menos, que prestar atención a la Palabra de Dios. Hay un matiz importante, ya que no se nos dice que un vistazo, una mirada rápida, una escucha distraída sea suficiente, hay que prestar atención y eso implica una predisposición de la mente y del corazón, no únicamente para recibir del Señor, sino también para ponerlo en práctica en nuestra propia experiencia.

 

Acerquémonos pues a este manual de vida con esa doble actitud, expectación para escuchar y disponibilidad para aplicar.