Jesús recorría toda Galilea enseñando en las sinagogas judías. Anunciaba la buena noticia del Reino y curaba toda clase de enfermedades y dolencias de la gente. (Mateo 4:23)


Cuando leo los relatos de los evangelios hay un binomio que, a menudo, acompaña a Jesús y que no creo que se trate de una coincidencia ni de algo puntual, más bien es una expresión plena de su misión, el Maestro proclamaba la buena noticia y sanaba las enfermedades y dolencias del pueblo.

Lo vemos una y otra vez en las narraciones de los evangelistas. Podemos observar al Maestro enseñando sobre el Reino a las multitudes, a pequeños grupos e incluso a individuos en conversaciones personales. También, de forma repetida, lo observamos sanando, alimentando, liberando a personas poseídas por espíritus malignos. Para Él, todo parece indicarlo, ambas cosas eran un extensión natural de su misión, de su llamado, de su vocación.

Y entonces me pongo a pensar en mí mismo como seguidor de Jesús en el siglo XXI y en cómo puedo imitar a Jesús incorporando ambas realidades en mi propio seguimiento del Maestro de Nazaret. Al pensarlo reconozco que estoy ante un binomio inseparable. Me doy cuenta que ni puedo ni debo optar por uno en detrimento del otro.

Proclamar es lo que habitualmente identificamos con la Gran Comisión (Mateo 28:18-20) Curar podemos identificarlo con el Gran Mandamiento (Mateo 22:38-40) Ambos han sido dados por el mismo Señor y ambos, como decía antes, son dos caras inseparables de la misma moneda. Históricamente, e incluso hoy en día, los seguidores de Jesús hemos optado por la dicotomía enfatizando uno de los matices a costa o en detrimento del otro. Al proceder de este modo no hemos hecho justicia a lo que nos enseñó Jesús y, por tanto, no lo hemos imitado bien.

Es cierto que según la tradición a la que pertenecemos es más aceptable enfatizar uno u otro. Si eres, digamos, "más liberal", enfatizarás el aspecto de la demostración del Reino por medio de hacer el bien. Ten por seguro que esto horrorizará a tus hermanos "más conservadores" que, a su vez, enfatizarán la proclamación y harán que te sientas escandalizado. Pienso que ni unos ni otros hacemos justicia al evangelio de Jesús, el Señor. Para Él esta dicotomía, fruto de nuestra teología, es totalmente falsa y artificial. No es ni lo uno ni lo otro sino ambos.

Como seguidor de Jesús estoy llamado a involucrarme en la proclamación de la buena noticia del Reino. La buena noticia que consiste en el plan de Dios para reconciliar a todo el universo con Él. Dios desea que el universo y la humanidad sean lo que siempre tuvo en mente y el pecado, debido a nuestra rebelión, nuestra declaración de independencia con respecto a Dios, hizo inviable. Debo dar a conocer a otros esta buena noticia. Es mi responsabilidad como seguidor darles a conocer que hay otra realidad posible y que pasa por una reconciliación con el Señor a través de Jesús.

Pero como seguidor de Jesús estoy igualmente llamado a involucrarme en la demostración del Reino por medio del Gran Mandamiento. Curar es una manera de expresar la necesidad de involucrarnos activamente en las necesidades de todo tipo de un mundo roto a consecuencia del pecado. La demostración del Reino, lo que hizo Jesús, el Señor, por medio de las curaciones, las liberaciones y las alimentaciones, es una expresión de cómo sería el mundo y la humanidad si el Reino ya fuera una realidad total.

Llevo a cabo la demostración del Reino viviendo como un agente de restauración y colaborando con Jesús en su tarea de restaurar todas las cosas. Lo hago, fundamentalmente, por medio de la práctica del bien. No me refiero al concepto infantil y estereotipado de las buenas obras, sino a una práctica del bien, intencional, proactiva, sacrificial -es decir, costosa- incondicional -con amigos e incluso con enemigos- indiscriminada, reflejando el carácter de nuestro Padre que hace el bien a todos sin distinción.

El pasaje base de esta reflexión indica que Jesús recorría. El verbo denota una acción constante y continuada, un proceso, un fluir. Del mismo modo, como imitador suyo, quiero integran de forma natural en mi vida las dos formas de vivir el Reino, proclamando y demostrando.


Mi imitación de Jesús

Incorporar a mi vida la proclamación y la demostración del Reino

La acción práctica

Evalúo mi vida, tomo pasos prácticos para equilibrar cualquier desequilibrio existente entre proclamar y demostrar.