MATEO 16:13-20

IDEA PRINCIPAL

JESÚS SE ENCUENTRA CON NOSOTROS Y NOS PREGUNTA QUIÉN CREEMOS QUE ES ÉL

QUIÉN ERA

Pedro, a quien ya hemos introducido en otras ocasiones.

EN QUÉ CIRCUNSTANCIAS SE ENCONTRÓ

Jesús abandona Galilea después de un tiempo de intenso ministerio en aquella región y decide trasladarse al otro lado del lago de Genesaret, concretamente a la zona de Cesarea de Filipo. La ciudad se llamaba con anterioridad Paneas, debido a que era un centro en el que se adoraba al dios griego Pan. Por aquellos años, Filipo, el tetrarca de la zona, la había rebautizado con el nombre que aparece en la Biblia en honor de sí mismo y de César.

En este contexto, Jesús tiene una conversación con sus discípulos y les interroga acerca de cuáles eran los comentarios que la gente hacía con respecto a su identidad. No nos cabe la menor duda que el Maestro estaba perfectamente al día acerca de lo que se decía de Él. Su interés radicaba especialmente en contrastar las opiniones populares con las de sus discípulos. Jesús quería saber cómo iba evolucionando su percepción de quién era Él entre aquellos que debían jugar un papel clave en sus planes.

QUÉ IMPACTO PRODUJO EL ENCUENTRO EN SU VIDA

La pregunta iba dirigida a todos los discípulos en general y estos respondieron lo que, sin duda, habían escuchado oír y comentar a las personas.

Le dijeron que algunos pensaban que era Juan el Bautista. No es de extrañar esta afirmación. Recordemos que el propio Herodes, quien había mandado asesinar a Juan, pensaba que Jesús era el bautista resucitado (véase Mateo 14:1 y 2). También le comentaron que otros afirmaban que era Elías. Tiene sentido, ya que se pensaba que este respetado profeta del Antiguo Testamento, debía de preceder a la aparición del Mesías venidero (véase Malaquías 3:1-3). Se le dijo que había quienes pensaban acerca de Él como Jeremías. La explicación para esto también hay que buscarla en las expectativas mesiánicas judías. Finalmente, otros comentarios populares indicaban que podía ser alguno de los profetas, pensamiento este inspirados en textos como Deuteronomio 18:15-18.

Entonces, Jesús plantea la pregunta que realmente le interesaba, Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Pedro es quien toma la iniciativa de responder de forma individual a una pregunta hecha por Jesús de forma colectiva, Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios viviente.

Jesús afirma que algo muy importante había sucedido en la vida de Pedro, este había llegado a una mayor y mejor comprensión de la identidad de Jesús, había afirmado su carácter divino y su especial relación con el Padre, sin embargo, en palabras del Maestro, esto le vino, no por enseñanza humana, sino por revelación divina. No se nos dice de qué modo esto sucedió, sin embargo, si se nos afirma que hubo una intervención de Dios y esto nos enseña que el Señor trabaja en los corazones de las personas revelando el auténtico carácter e identidad de su hijo. Algo más sucedió en la vida de Pedro, de nuevo recibe una misión, en este caso relacionada con el establecimiento de la iglesia, es decir, la dimensión comunitaria de la fe cristiana.

QUÉ APLICACIÓN TIENE PARA NOSOTROS

¿Quién es Jesús? El problema de su identidad sigue siendo tan actual y crucial hoy en día como lo fue hace dos mil años cuando el Maestro confrontó a sus discípulos con esa pregunta tan directa y punzante.

Durante su vida, su identidad siempre fue conflictiva. Sus contemporáneos, en varias ocasiones quisieron matarlo a pedradas por blasfemo. Cuando en una de las situaciones Jesús los confrontó y les preguntó por qué maldad que hubiera hecho querían apedrearlo. Ellos respondieron, que por ninguna, sino porque siendo un simple mortal, afirmaba ser igual a Dios. Situaciones de este tipo se repitieron con harta frecuencia en su ministerio público. De hecho, y por paradójico que pueda parecer, Jesús fue condenado a muerte a causa de su identidad, no por nada que hubiera hecho o dejado de hacer, sus afirmaciones de ser hijo de Dios le acarrearon la condena a muerte por blasfemia, siendo solamente hombre, pretendió ser Dios.

Jesús es hoy en día popular y respetado… en tanto que ser humano, naturalmente. En una reciente encuesta realizada entre universitarios españoles, Jesús era considerado como una de las personas más influyentes de la historia de la humanidad. Reconocerlo como un gran maestro de moral, un líder singular, una persona de gran influencia, un modelo a seguir, etc., no representa un mayor problema para muchas personas de nuestra sociedad. Aceptar su divinidad es otra historia muy diferente.

Porque aceptarla trae consigo una gran cantidad de implicaciones. Si Jesús es Dios, entonces tiene autoridad, puede juzgarnos, puede emitir opiniones sobre nuestro estilo de vida, nos coloca ante disyuntivas morales y nos desafía a cambiar nuestra forma de vivir, pensar, actuar, nuestros valores y nuestras prioridades. Ante todo esto, es mejor negar su identidad y apostar a que no fue Dios.

Pero Jesús, no únicamente pregunta a nuestros contemporáneos acerca de su identidad, también nos pregunta a nosotros. Los que nos movemos en contextos religiosos podemos responder de forma correcta a la pregunta y afirmar que Jesús es el Mesías, el hijo del Dios viviente. Pero nuestra respuesta puede ser simplemente eso, correcta desde el punto de vista de las ideas, sin que tenga ningún efecto, ninguna influencia en nuestro estilo de vivir.

Pero Jesús no quiere, no espera y no desea simplemente esa respuesta fácil, intelectual, que cualquiera puede dar. Él desea la respuesta comprometida, la que nos lleva a un cambio radical, que comienza con nuestra manera de pensar, sigue con nuestros valores y prioridades y acaba manifestándose en una conducta diferente que es evidente para todos.

No es aventurado afirmar que si fuéramos cuestionados por Jesús, sin duda, daríamos la respuesta correcta, y que a la misma, Pablo, el apóstol, si estuviera presente (muy hipotético ¿verdad?) nos respondería, entonces, ya no vivas para ti, sino para Él, que murió y resucitó por ti. (1 Corintios 5:15) Porque la identidad de Jesús nos invita, ante todo y sobre todo, a vivir de forma diferente.

PREGUNTAS DE APLICACIÓN

1. Y tú ¿Quién dices que es Jesús?
2. ¿Has dado la respuesta fácil, la respuesta evangélica o has dado la respuesta correcta, la que lleva consigo un cambio en pensamiento, valores, convicciones y vida?
3. ¿Qué diferencia marca en tu vida el afirmar que Jesús es el Mesías, el Hijo del Dios viviente?