Creyó Abraham a Dios, y esto le valió que Dios le concediera su amistad.

Al leer este pasaje de su carta a los romanos no debemos olvidar que Pablo juega con la figura literaria de la diatriba, es decir, contestar las preguntas u objeciones de un supuesto lector. También hemos de tener en cuenta que la audiencia de Pablo era mixta, compuesta por seguidores de Jesús de origen judío y de origen no judío.

A estos primeros, los de trasfondo judío, Pablo les dirige este argumento que en resumidas cuentas viene a afirmar que incluso el mismo Abraham, el padre de la fe judía, fue restablecido en su amistad con Dios por medio únicamente de la fe y que la circuncisión fue dada como un símbolo o señal externa de esa amistad recuperada.

Por tanto, afirma el apóstol, Abraham se ha convertido en Padre de todos los que creen sin estar circuncidados, por cuanto también a ellos Dios les ofrece el ser restablecidos en su amistad. Al mismo tiempo se ha convertido en padre de todos los que, estando circuncidados, no han puesto su confianza en la circuncisión, sino que van tras las huellas de la fe que, ya antes de circuncidarse, tuvo nuestro padre Abraham.

El resumen de todo el discurso es que nadie, absolutamente nadie, podrá ser restablecido en una relación de amistad con el Señor si no es por medio de la fe, la confianza, en lo hecho por Jesús en favor de la humanidad.

Lee Romanos 4:1-12