No tengáis deudas con nadie excepto la deuda de amaos unos a otros.

Nunca había pensado que el amor al prójimo fuera una deuda. Pensar que yo tengo una deuda contraída que debe ser pagada con buscar el bien del otro ya que, al fin y al cabo, amar consiste precisamente en eso, en buscar el bien del otro. Pero me pregunto ¿De dónde viene esa deuda, cuál es el origen de la misma?

Me pregunto si el origen se encuentra en lo que Jesús ha hecho por mí que crea la necesidad de hacer lo mismo por los otros, buscar su bien de una forma totalmente incondicional.

Ser deudor es algo serio. Significa que no tengo otra opción que pagar aquello que debo, no estamos hablando de opciones, estamos hablando de responsabilidades que no puedo ni debo obviar. Amar es, por tanto, un imperativo moral no una cuestión de deseo.

 

Lee Romanos 13:8-14