Todos deben acatar la autoridad que preside, pues toda autoridad procede de Dios y las autoridades que existen han sido establecidas por Él.

Pablo hace en esta parte del capítulo 13 unas afirmaciones que pueden ser interpretadas de diferentes maneras y todas ellas polémicas. En mi modesta opinión lo que el apóstol afirma es que el principio universal de la autoridad ha sido realmente establecido por Dios.

Hasta donde sabemos no existe ninguna cultura ni sociedad humana que no tenga una forma de gobierno. Esta puede ser de una manera u otra, más benigna o menos, más democrática o menos, más o menos corrupta pero, desde que tenemos noticias siempre el ser humano se ha organizado en formas en que ha habido un sentido de autoridad, una forma, una estructura. Ese principio, el de la autoridad, como el de la familia, son universales, pertenecen al orden de la creación y son patentes en toda historia y cultura.

Pero creo que eso es diferente a afirmar que un gobernante específico ha sido colocado por Dios. Distingamos entre el principio -la autoridad- y la persona -gobernante-. Si bien hemos de respetar el principio ya que ha sido puesto por el Señor, no necesariamente hemos de hacer lo mismo con las personas ya que muchos que ocupan el poder son violentos, corruptos, indignos, usurpadores, represores, asesinos, indignos en definitiva de ocupar el lugar de autoridad.

El mismo Pablo afirma que el propósito de la autoridad es perseguir el mal y premiar el bien. Aquí vemos la razón de ser de esa institución creada por Dios pero, como toda la creación ha sido afectada por el pecado y, lamentablemente, muchos que ocupan el lugar de autoridad pervierten el principio usándolo en beneficio propio y en contra de aquellos que tienen que proteger.

En definitiva, respeto a la autoridad -como principio- si. Respeto y sumisión a gobernantes indignos, corruptos, violentos y opresores no. Pero es mi opinión personal y, como tantas veces, seguro que estoy equivocado.

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