Lo que sucede es que no todos los que son israelitas de nombre lo son también de corazón. Tampoco son hijos auténticos de Abraham todos los que de él descienden.

Pablo es judío y una parte de su audiencia primitiva también lo era. Todo lo que hasta este momento ha desarrollado en su epístola seguramente planteaba dudas y suscitaba preguntas en sus lectores judíos. Por eso el apóstol dedica los capítulos nueve, diez y once de la epístola a tratar el tema de Israel y su relación con el plan de Dios.

Pablo plantea un argumento muy importante, hay una cuestión étnica y una cuestión de corazón. El auténtico judío heredero de todas las promesas hechas por Dios durante siglos no es el étnico, sino aquel que, por decirlo de alguna manera, es un judío de corazón, de actitud. Si no fuera de este modo el Señor sería totalmente parcial y favoritista en su tratamiento del ser humano. Haciendo referencia a las Escrituras Pablo demuestra que el Señor ya había anunciado desde siempre que nadie tiene una relación privilegiada con Él en función del trasfondo étnico.

Creo que esta es una palabra de advertencia para los que somos seguidores de Jesús culturales. Es un llamado a pararnos y pensar en la dimensión de nuestra fe y darnos cuenta que los auténticos hijos de Dios no son necesariamente aquellos que conocen de pe a pa la doctrina, están involucrados 


Lee Romanos 9