No me avergüenzo de anunciar esta buena noticia, que es la fuerza salvadora de Dios para todo creyente tanto si es judío como si no lo es. Por ella (por la buena noticia), en efecto, se nos revela esa fuerza salvadora de Dios mediante una fe en continuo crecimiento. Así lo dice la Escritura: Aquel a quien Dios restablece en su amistad por medio de la fe, alcanzará la vida.

 

Hay personas totalmente despreocupadas de su relación con Dios. Viven como si no existiera, no lo tienen presente en su proyecto de vida personal y sus vidas siguen día tras día y no necesariamente son miserables, las cosas les van mal y son infelices. Es un tópico que el que vive al margen del Señor lo pasa mal y al justo todo le va bien. He conocido gente no creyente feliz, realizada, madura y solidaria y, por el contrario, gente seguidora de Jesús que dan pena y viven en la absoluta miseria moral, espiritual y emocional.

Pero estas palabras de Pablo van dirigidas a aquellos que si nos preocupa como podemos establecer una relación con Dios que sea estable, segura y duradera. Están dirigidas a aquellos de nosotros que tenemos perfecta y clara conciencia de que no somos el tipo de personas que deberíamos ser y, consecuentemente, hemos aceptado que somos deficitarios moral, ética y espiritualmente para acercarnos a Dios y ser aceptados por Él.

Precisamente Pablo dice que este Dios nos acepta, nos restablece en una amistad con Él, es decir, nos declara amigos suyos, por medio de la en Jesús y lo que ha hecho por nosotros. Dicho con otras palabras, Jesús ha compensado ese déficit del que hablaba antes por medio de su muerte en la cruz y, si nosotros aceptamos esa sublime y sencilla realidad, Dios nos perdona, nos hace sus amigos y nos da vida. 

Eso, simplemente eso, es la buena noticia que Jesús vino a traer.