Estamos seguros, además de que todo se encamina al bien de los que aman a Dios, de los que han sido elegidos conforme a su designio. A quienes Dios conoció de antemano, los destinó igualmente, desde un principio, a reproducir en ellos mismos la imagen de su Hijo, de modo que él fuese el primogénito entre muchos hermanos.

 

Han habido muchas interpretaciones acerca del significado de estos versículos, algunas de las cuales han producido mucha frustración entre los seguidores de Jesús. Una de ellas es aquella que lee este fragmento de la Escritura en clave de que todo le ha de salir bien a los que aman a Dios. Bajo esta premisa -equivocada desde mi humilde punto de visto- hay personas que se han encontrado con situaciones de la vida que les resulta totalmente imposible discernir que bien hay en los que les pasa. A esto, los bienintencionados afirman que, aunque ahora no puedan entenderlo ¡Algún día lo entenderán! 

Creo que hay cosas que son malas y no hay ninguna explicación cabalística posible que los justifique como buenas ¿Qué hay de bueno en la muerte de un hijo cuando tiene toda la vida por delante? ¿Qué bien puede generarse de la pérdida del trabajo que deja a un cabeza de familia imposibilitado de proveer para su familia? ¿Del seguidor de Jesús que es encarcelado precisamente por eso, por seguir a Jesús, y ve a su familia vulnerable y desamparada? La lista podría interminable.

Propongo una explicación alternativa pero consistente con la Escritura. La clave consiste en identificar en qué consiste ese bien del que habla Pablo. Creo que el contexto del pasaje nos permite afirmar que ese bien supremo del cual nos está compartiendo el apóstol se trata, ni más, ni menos, que la imagen de Jesús sea reproducida en nosotros. Dicho de otro modo, el bien máximo que el Señor puede darnos es hacernos semejantes a Jesús, que seamos pequeños Jesuses, que cada día más y más su carácter sea evidente, manifiesto, expresado en nosotros y a través nuestro.

Una vez determinado ese bien, el resto creo que encaja de forma natural y perfecta. Podríamos leer el pasaje de esta forma: Dios encamina y usa todas las cosas en nuestras vidas para que seamos cada vez más similares a Jesús, para que seamos como sus hermanos pequeños. Con esta lectura podemos afirmar que todo lo que sucede en nuestra vida, desde lo más positivo hasta lo más trágico, desde aquello que es resultado de nuestra práctica del bien hasta aquello que es resultado de nuestro pecado intencional y voluntario, el Señor puede usarlo para moldearnos y hacernos más y más como deberíamos haber sido desde el principio y el pecado hizo inviables, más como Jesús, el hombre nuevo, el modelo de una nueva humanidad. 

Lee Romanos 8:18-30