Dios nos reconcilió consigo mediante la muerte de su Hijo, ahora que estamos en paz con él ¿no va a salvarnos haciéndonos participar de su vida? Todavía más: el mismo Jesucristo, Señor nuestro, artífice de la obra reconciliadora, nos hace ya sentirnos llenos de alegría.

Hay personas que pueden vivir toda la vida con rencor y amargura, con relaciones rotas y falta absoluta de paz. Hay personas a las que su orgullo les impide pedir perdón y otras a las cuales, ese mismo orgullo, les impide el recibir el perdón.

Dios ha hecho todo lo que estaba a su alcance para por medio de Jesús ofrecernos precisamente eso que precisamos, reconciliación, paz, perdón, la posibilidad de volver a ser, una vez más, amigos suyos y no tener que vivir enfrentados y en conflicto. De hecho, el apóstol indica que por medio de Jesús el Señor quiere hacernos incluso partícipes de su vida.

Esta es la buena noticia del evangelio, a pesar de que no lo merecemos en absoluto, el Señor ha tomado la iniciativa y ha hecho todo lo necesario para que podamos estar en paz con Él, nos alarga la mano para poder, por medio de un buen apretón, sellar la paz. Es nuestra decisión aceptar o rechazar su oferta.

Lee Romanos 5:1-11