MARCOS 16:9-11; JUAN 20:11-18

IDEA PRINCIPAL

EL ENCUENTRO CON JESÚS RESUCITADO ELEVA NUESTRA DIGNIDAD COMO PERSONAS Y NOS CONVIERTE EN TESTIGOS DE SU RESURRECCIÓN

QUIÉN ERA

María, tal y como su nombre indica, procedía de la población de Magdala, que estaba localizada a la orilla del lago Tiberiades, también conocido como el Mar de Galilea. Los relatos de los evangelios nos indican que Jesús la liberó de la posesión de siete demonios. Como consecuencia se convirtió en uno de sus seguidores más fieles y comprometidos.

La primera mención que tenemos de ella como seguidora de Jesús l.a encontramos justamente en Lucas capítulo 8 versículo 2. Se trata de un pasaje que aparece justo a continuación del lavamiento, por parte de una mujer con sus lágrimas, de los pies de Jesús en una de las poblaciones de Galilea. Esto hace pensar a algunos estudiosos bíblicos que tal vez se trata de la misma persona. Otros, sin embargo, tienen una opinión contraria y consideran que no es muy probable que se tratara de la misma persona. Tanto unos como otros tienen sus argumentos para defender sus posiciones.

Es precisamente esta asociación entre la mujer que lavó los pies de Jesús y María Magdalena lo que ha hecho que la mala fama esté así mismo asociada al nombre de esta mujer, sin embargo, si esta asociación no es correcta no habría ninguna razón para atribuirle una vida moral negativa. Los evangelios no nos indican nada acerca de la razón o circunstancias por las que fue poseída por los demonios.

Ya hemos mencionado su seguimiento de Jesús desde que este comenzó su ministerio en Galilea. También la encontramos al pie de la cruz en el momento de la crucifixión. Y sabemos, como lo indica el pasaje objeto de este encuentro, que ella fue la primera persona a la que se apareció Jesús.

EN QUÉ CIRCUNSTANCIAS SE ENCONTRÓ

Los discípulos, a excepción de Juan, no estuvieron al pide la cruz en el momento más dramático de la vida de Jesús, las mujeres si lo estuvieron, entre ellas María Magdalena. Tampoco los discípulos fueron los primeros en tomar la iniciativa de acercarse a la tumba para preparar adecuadamente el cuerpo de Jesús, que debido a las prisas de la celebración de la Pascua había sido dejado en la tumba prestada por José de Arimatea.

El relato bíblico nos dice que nuestra protagonista, juntamente con Salomé y otra María, en este caso la madre de Juan, se dirigieron al sepulcro cargadas de especias y perfumes para embalsamar adecuadamente el cadáver y prepararlo según la tradición judía.

Juan nos dice que María fue la primera en llegar al escenario y que vio que la piedra que cubría la tumba hacía sido desplazada. Inmediatamente salió corriendo para llegar donde estaban los discípulos y comunicarle a Juan y Pedro que, según ella había interpretado la situación, alguien se había llevado el cuerpo de su Maestro y no sabía donde lo habían puesto. Ambos discípulos salieron a toda velocidad hacia el sepulcro para ver qué había pasado. El relato de Juan explica detalladamente la reacción de Pedro y Juan ante la tumba vacía.

María, que al parecer los había acompañado, se quedó junto al sepulcro llorando. Pero, como podemos leer, al mirar dentro de la tumba vio que había dos ángeles. Estos le interrogaron acerca del motivo de sus lágrimas y, justo a continuación, apareció Jesús. Del relato se deduce que, en un primer momento, María no pudo reconocer a Jesús y lo confundió con la persona que debía de cuidarse de las tumbas. A continuación, cuando Jesús la llamó por su nombre, María, esta lo reconoció y lo llamó Maestro. Jesús le encargó la importante tarea de ser testigo suyo delante de sus hermanos.

QUÉ IMPACTO PRODUJO EL ENCUENTRO EN SUS VIDAS

María se convirtió, no sólo en la primera persona en encontrarse con el Jesús resucitado, sino también tuvo el privilegio de convertirse en el primer testigo de la resurrección. El testimonio de una mujer carecía de valor en la cultural judía. Ningún tribunal admitiría la validez de lo que pudiera ser testificado por una mujer. En el sentimiento general de la cultura las mujeres carecían de todo tipo de credibilidad y, mucho más, de credibilidad legal.

Esto hace todavía más importante el hecho de que María fuera escogida por parte del Maestro como la primera persona que lo vio resucitado, pero aún más, le dio la comisión de convertirse en su testigo, en vocera de su resurrección, precisamente ante el resto de los discípulos. Jesús decidió, de forma premeditada, no revelarse en primer lugar a sus discípulos de genero masculino y si hacerlo a una mujer y, además, también con premeditación hizo que estos tuvieran conocimiento de su resurrección, no de primera mano, sino por el testimonio de aquella.

No podemos cerrar los ojos ni pasar por alto el tremendo valor simbólico que tiene esta elección por parte de Jesús y, en contra de la opinión, los valores y las costumbres de la época, como el Maestro decide valorar y elevar el papel de la mujer al convertirla en su testigo directo. Esta elección anunciaba el papel clave que posteriormente la mujer jugaría dentro de la iglesia cristiana.

QUÉ APLICACIÓN TIENE PARA NOSOTROS

Como en el caso de María, el encuentro con el Jesús resucitado nos convierte automáticamente en testigos de su resurrección. Es imposible haberse encontrado con Él y callar la realidad de su resurrección. Usando las palabras del evangelio, no podemos dejar de decir lo que hemos visto y hemos oído.

Cuando nos encontramos con el Jesús resucitado recibimos el encargo de ir a los entornos en los que nos movemos, la casa, la familia, los vecinos, los amigos, los compañeros de trabajo... Y anunciar su resurrección y todo lo que ello implica, es decir, que hay la posibilidad de perdón para nuestra relación rota con Dios, que hay posibilidad de una nueva vida y que todo ello pasa por un encuentro con el resucitado.

Cuando nos encontramos con el Jesús resucitado y recibimos su comisión también tendremos que ser conscientes de la posibilidad de ser rechazados. María lo fue, y lo fue por aquellos que deberían ser más propensos a creer por su cercanía a Jesús. También aquellos a los que testifiquemos pueden rechazarnos y no dar crédito a nuestro encuentro con Jesús. La consistencia de nuestra vida, la evidencia del cambio y nuestra trayectoria como seguidores de Jesús -no únicamente nuestras palabras- verificarán y darán autoridad a nuestro testimonio.

A menudo, Jesús decide usar para sus propósitos a personas que a los ojos de la sociedad carecen de importancia. El Maestro valoró a los niños, a los publicanos, a los leprosos, a los gentiles y a las mujeres. Dándonos su comisión de ser testigos el Maestro reafirma nuestra valor a sus ojos y nuestra dignidad como personas. Pudiendo haber escogido a otros, lo ha hecho con nosotros. El Dios que gobierna y ha creado el universo ha puesto su credibilidad en manos de personas como tú y yo.

PREGUNTAS DE APLICACIÓN

¿Por que el encuentro con el Jesús resucitado realza nuestra dignidad como seres humanos?
¿Cuáles son las personas a las que Jesús te llama a dar testimonio de su resurrección?
¿Es posible que el miedo a no ser creído y rechazado te frene de dar tu testimonio? Si es así ¿Qué puedes hacer al respecto?
¿Es posible que no considerarte digno ni valioso desde la perspectiva social te frene de dar tu testimonio? Si es así ¿Qué puedes hacer al respecto?