MATEO 21:23-27; MARCOS 11:27-33

IDEA PRINCIPAL

JESÚS NO TIENE LA NECESIDAD DE SATISFACER NUESTRAS EXPECTATIVAS.

QUIÉNES ERAN

Jesús se encontró con los jefes de los sacerdotes, los maestros de la ley y los ancianos. Todos ellos formaban el Sanedrín, el consejo ejecutivo, legislativo y judicial de los judíos. Estaba compuesto por setenta miembros más el sumo sacerdote de turno, que actuaba como presidente del mismo. Sin embargo, las referencias de los textos bíblicos no indican que Jesús se encontrara con todo el Sanedrín sino con una delegación enviada por este para representarlo.

EN QUÉ CIRCUNSTANCIAS SE ENCONTRARON

No hacía mucho que habían tenido lugar dos importantes acontecimientos de los que Jesús fue el protagonista. En primer lugar, la entrada triunfal en la ciudad de Jerusalén. Aquello no fue un evento fortuito, estaba cargado de un gran sentido mesiánico, como lo demostraba las referencias al Monte de los Olivos (Zacarías 14:4), el asno que no había sido previamente montado (Zacarías 9:9) y el reino de David (2 Samuel 7)

En segundo lugar, Jesús había expulsado a los mercaderes que hacían sus negocios en el atrio del templo. Esta situación debió darse en el atrio de los gentiles, la única área donde estos podían entrar. Los cambistas hacían su negocio cambiando las monedas romanas por el shekel de Tiro, la única moneda oficial que se admitía para el pago del impuesto del templo que todos los varones judíos debían de pagar una vez al año al acercarse el tiempo de la Pascua. Los vendedores de palomas estaban allí porque este animal era el que ofrecían aquellos que no podían pagar un tipo superior de ofrenda.

La comisión enviada para encontrarse con Jesús le preguntó acerca de su autoridad, quién era Él para llevar a cabo semejantes acciones. Cómo se permitía esas osadías. En el fondo, lo que se estaba cuestionando era la identidad del Maestro, pues de ella debía derivarse o no su posible autoridad.

QUÉ IMPACTO PRODUJO EL ENCUENTRO EN SUS VIDAS

Los interlocutores de Jesús no fueron transformados espiritualmente a pesar de haber sido expuestos a la actuación de Jesús. La pregunta que le plantearon no era honesta, era más bien un claro y abierto reproche al Maestro, era un ¿quién te has creído que eres tú para llevar a cabo estas cosas que vas haciendo?

El Maestro no respondió su pregunta sino que les contestó con otra pregunta, ¿Quién envió a Juan a bautizar: Dios o los hombres? Jesús condicionó su respuesta a la que recibiera de parte de ellos con respecto a Juan el Bautista y su misión. No fue algo casual de parte de Jesús. Juan era quien había anunciado su venida y había declarado su condición de Mesías enviado por Dios. La respuesta que dieran, como muy bien ellos se dieron cuenta, tendría implicaciones. Si reconocían la autoridad divina en el ministerio de Juan, deberían, consecuentemente aceptar lo que aquel dijo acerca de Jesús.

Con su pregunta, el Maestro puso una vez más en evidencia sus contradicciones espirituales. Por otro lado, dejó claro que Dios no tiene ninguna necesidad de explicarse a sí mismo y que aquellos que lo quieran rechazar, sean cuales sean las razones, nunca van a encontrar suficientes sus explicaciones. Hay un cierto eco del final del libro de Job, donde el Señor, ante las insistentes preguntas del patriarca, no sólo no se explica sino que le responde que un amplia y abundante batería de preguntas.

QUÉ APLICACIÓN TIENE PARA NOSOTROS

Dios actúa y muchísimas veces no lo hace según nuestras expectativas, no sigue el guión que nosotros hemos escrito para Él y no encaja en nuestros estrechos patrones y paradigmas mentales. Él es soberano y actúa según desea y considera.

Como consecuencia, podemos tener la tentación de cuestionar a Dios por ello, de pedirle explicaciones, de exigirle que nos haga saber el porqué de su forma de obrar. Deseamos, necesitamos y exigimos una clarificación de su parte que satisfaga nuestra decepción.

El libro de Éxodo nos exhorta a no hacernos imágenes de Dios. Con demasiada frivolidad y facilidad hemos acusado a los católicos de pecar contra ese mandamiento por su adoración de las imágenes, no dándonos cuenta que, tan peligrosas o más, son las imágenes mentales que nos creamos de quién es Dios, cómo debe actuar y qué debe hacer por nosotros.

La imagen que tenemos de Dios determina la manera en que nos relacionamos con Él, moldea nuestra espiritualidad y la expresión de la vida cristiana. Si esta imagen no responde al patrón bíblico, si no es un reflejo del auténtico carácter del Señor expresado en las Escrituras, puede llevarnos a establecer una relación engañosa y plagada de decepciones, debido a que Él, no cumplirá las falsas expectativas que nos hemos formado.

PREGUNTAS DE APLICACIÓN

1. ¿Estás seguro que tu imagen de Dios responde a lo que enseña la Escritura?
2. ¿Cuál es el peligro de tener una imagen incorrecta de Dios?
3. ¿Has experimentado o estás experimentando en estos momentos en tu vida situaciones de decepción con el Señor? Si es así, ¿Pudiera ser que se debiera a que tienes expectativas no bíblicas de cómo Él ha de actuar?