MATEO 11:1-19

QUIÉNES ERAN

El texto evangélico nos indica que se trataba de discípulos de Juan el Bautista, quien en aquellos momentos se encontraba en la cárcel, tal y como sabemos por el relato bíblico, a causa de sus críticas a Herodes por haber tomado inmoralmente a la mujer de su hermano. Juan los comisionó para que cuestionaran a Jesús acerca de su identidad mesiánica.

EN QUÉ CIRCUNSTANCIAS SE ENCONTRARON CON JESÚS

Juan, desde la prisión, había oído hablar de todo el ministerio que Jesús estaba llevando a cabo y, por eso, decidió enviar a algunos de sus seguidores para literalmente preguntarle a Jesús, si Él era quien debía venir o si debían esperar a otro.

No podemos perder de vista que esta embajada expresaba un momento de duda en la vida del Bautista acerca de la identidad de Jesús. Tal vez esta duda estaba relacionada con su propia y deprimente situación personal. Una parte de la proclamación del mensaje de Jesús estaba relacionada precisamente con la liberación de los presos (Lucas 4:18), sin embargo, Juan estaba encarcelado y Jesús no había hecho nada, ni tampoco lo haría por su liberación.

Es posible, que parte de las dudas de Juan, estuviera también relacionadas con el hecho que su propio mensaje de juicio sobre los malvados (Mateo 3:10), no se estaba llevando a cabo y la predicación de Jesús estaba más orientada hacia la gracia, el amor y el perdón. Finalmente, las expectativas mesiánicas que Juan, como muchos otros judíos, pudieran tener acerca de un Mesías político y militar que liberaría del poder opresor e instauraría de nuevo una teocracia política, tampoco se estaba llevando a cabo.

Nos encontramos pues ante la realidad de un hombre que sufre, padece, se pudre en una prisión judía a causa de su denuncia del pecado del rey y que, a pesar del episodio del bautismo de Jesús y sus propias palabras acerca de la identidad del Maestro, duda sobre si Jesús sería aquel a quien tenía la misión de anunciar y preparar el camino.

QUÉ IMPACTO PRODUJO EL ENCUENTRO EN SU VIDA

Muchas veces Jesús era críptico en sus respuestas a las preguntas de la gente. En ocasiones, Él mismo respondía con otra pregunta, en otras, como la que nos ocupa en estos momentos, simplemente hacía una descripción de la realidad y dejaba que fueran sus interlocutores los que sacaran sus propias consecuencias y tomaran sus propias decisiones al respecto.

Esto sucede en este encuentro, Jesús ni afirmó ni negó. Simplemente les dijo a los enviados de Juan que le transmitieran todo lo que estaba sucediendo alrededor y de lo que ellos mismos podían ser testigos, los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios de su enfermedad, los sordos oyen, los muertos resucitan y a los pobres se les anuncia el mensaje de salvación.

Curiosamente, Jesús no fue taxativo con las dudas de Juan, no las resolvió tal y como tal vez este esperaba. El Maestro consideró que el Bautista debía de llegar por él mismo a sus propias conclusiones, debía de hablar con el Señor al respecto y debía ser sensible a la guía, dirección, y voz del Espíritu Santo con respecto a la identidad de Jesús. Las palabras finales del Maestro son muy significativas y, sin duda, cargadas de sentido y contenido, ¡Y dichoso el que no pierde su confianza en mí!

QUÉ APLICACIÓN TIENE PARA NOSOTROS

Todos nosotros hemos tenido o tendremos preguntas que nos inquietan, angustian y que necesitamos y deseamos que Dios nos las pudiera contestar. Todos nosotros hemos experimentado o experimentaremos en nuestras vidas situaciones que nos llevan a la duda con respecto a Dios, sus planes, su intervención, sus propósitos.

El encuentro de los enviados de Juan con Jesús nos enseña que es legítimo tener estas dudas y preguntas y que también es legítimo el tener la libertad de venir ante Jesús y planteárselas honestamente. La Biblia está llena de personajes que cuestionaron a Dios, sus planes, sus propósitos, su intervención en la historia, sus silencios. De estos, Job, David, Elías, Habacuc, Jeremías y el propio Juan serían tan sólo algunos de los ejemplos.

Y vemos que el Señor no se indignó con ellos, no los destruyó automáticamente, no consideró una falta de respeto el dudar de sus intenciones y propósitos, antes al contrario, Dios honró su honestidad y transparencia, algo que el Señor siempre valora y respeta.

Jesús nos invita a acercarnos libremente hasta Él y exponer con honestidad todo aquello que hay en nuestro corazón, sabiendo que no es juicio, rechazo o decepción lo que nos espera de parte de Él, sino contrariamente, amor, gracia y aceptación. Si miramos la continuación del pasaje que hemos estudiado veremos que después de haber oído las dudas de Juan, Jesús hace acerca de él, los comentarios más elogiosos que nunca hizo de ningún ser humano. Esto es un patrón de cómo el Maestro trata a los que con honestidad se presentan ante Él con sus dudas.

También es posible que Jesús no nos de la respuesta que nosotros esperamos. No sea claro y directo como esperan nuestros corazones. Es posible que nos pida que dirijamos nuestra vista, interior y exterior, hacia las circunstancias que estamos viviendo y nos rodean, hacia su Palabra y cómo se relaciona con nuestras inquietudes y también hacia la voz interior del Espíritu Santo que siempre está susurrando en nuestros corazones y a la que hemos de desarrollar la capacidad de identificar y escuchar.

Incluso es posible que nunca nuestras preguntas sean contestadas y únicamente recibamos de parte de Jesús la afirmación, ¡Dichoso el que no pierde su confianza en mí! En ocasiones solamente podemos caminar por fe, confiando en el Maestro para interrogantes que nunca tendrán respuesta.

PREGUNTAS DE APLICACIÓN

1. ¿Qué interrogantes, dudas, inquietudes, agonías hay en tu vida?

2. ¿Qué te impide presentárselas al Maestro de Galilea?

3. Pasa un tiempo a solas con Él, abre tu corazón, exprésale lo que sientes. Recuerda que no estás haciendo nada indigno ni ilegítimo. Piensa en todos los grandes hombres de la Biblia que así lo hicieron. No olvides que el Espíritu Santo ha permitido que todo ello quedara registrado en la Escritura para orientación, ánimo y estímulo nuestro.

4. Trata de escuchar la voz de Dios acerca de todo ello en su Palabra, el trabajo íntimo del Espíritu Santo, la opinión de cristianos maduros y las circunstancias.