QUIÉNES ERAN

MATEO 13:53-58; LUCAS 4:16-30

Jesús llega a la ciudad en que se había criado, Nazaret, y se encuentra con sus conciudadanos, con personas que le conocían muy bien desde que Él era un niño. Allí estaban sus vecinos, sus amigos e incluso parte de su familia según indica el mismo texto bíblico. Por los comentarios que las personas hacen con respecto al Maestro, podemos deducir que conocían muchos detalles de la vida de Jesús, de su familia, del trabajo realizado por su padre y, también de su falta de educación teológica.

No nos cabe ninguna duda que la fama de Jesús como predicador, maestro y milagrero, que se había extendido por toda la tierra de Galilea, debía de haber llegado hasta su propia aldea y, consecuentemente, no es de extrañar que se despertara un gran interés por escucharlo en la sinagoga aquel día de reposo.

EN QUÉ CIRCUNSTANCIAS SE ENCONTRARON CON JESÚS

Como ya hemos dicho, Jesús se dirige el sábado hacia la sinagoga local llena con sus amigos, conocidos y conciudadanos. Allí se le concede el honor de poder leer y comentar las Escrituras, ago que no era inusual con los maestros que visitaban las sinagogas.

Sorprendentemente, el Maestro escoge para su lectura y posterior meditación el texto que aparece en Isaías capítulo 61 los versículos 1 y 2. Se trata de un pasaje mesiánico que como tal era comprendido por sus oyentes. Después de haber procedido a su lectura nos dice Lucas que entregó el libro al ayudante de la sinagoga y se sentó.

El evangelista nos describe el ambiente de expectación que había en el recinto, todos los presentes estaban atentos mirándole. Jesús dice unas palabras claras y tajantes, hoy mismo se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros.

No hemos de equivocarnos con respecto al valor de las palabras de Jesús, diáfana y contundentemente está afirmando ser el Mesías esperado por el pueblo de Israel, el cumplimiento de la promesa de redención, en Él y su ministerio se halla el cumplimiento de la promesa bíblica.

QUÉ IMPACTO PRODUJO EL ENCUENTRO EN SUS VIDA

La primera reacción de los oyentes es de sorpresa. Conocían muy bien a quien hablaba. Los estudiosos de la Biblia afirman que Nazaret, en aquella época, no debía de tener más de mil quinientos o dos mil habitantes. Muchos de los allí presentes sabían de Jesús, de su trasfondo y de su familia y estaban sorprendidos de su ministerio, su fama y sus enseñanzas. No hemos de olvidar que ni Mateo ni Lucas están describiendo todo lo dicho por Jesús en su discurso aquel día en la sinagoga.

Sin embargo, la segunda reacción fue una reacción de indignación ante las afirmaciones mesiánicas de Jesús. Lo conocían bien, como hemos dicho anteriormente y no estaban dispuestos a cambiar su punto de vista acerca de Él. Estaban demasiado familiarizados con su vida y contexto como para poder admitir que aquel hijo de un albañil o carpintero pudiera ser el Mesías. El texto de Marcos nos indica que no quisieron hacerle caso.

No podemos dejar de mencionar la sorpresa de Jesús ante la incredulidad de sus paisanos. El texto bíblico nos dice que el Maestro estaba sorprendido ante la falta de fe de aquella gente, hasta tal punto, que no pudo hacer allí muchos actos milagrosos debido a la incredulidad y dureza de corazón de aquellas personas.

QUÉ APLICACIÓN TIENE PARA NOSOTROS

La incredulidad y la duda son diferentes. La duda nace del intelecto, la incredulidad nace del corazón. El que duda no puede creer, el incrédulo no quiere querer. El que duda no puede creer porque no tiene la suficiente información o no puede entender la que posee. El incrédulo no importa cuánta información tenga, no está dispuesto a aceptarla. La duda es una actitud honesta, la incredulidad es una columna de humo, una excusa, un subterfugio. El que duda tiene la posibilidad de cambiar, el que vive en incredulidad nunca variará su posición. Cuando alguien duda puede ver su posición alterada por la comprensión de la realidad. Cuando alguien es incrédulo negará la realidad para reafirmarse en sus prejuicios.

La gente de Nazaret era incrédula. Tenían un punto de vista formado acerca de Jesús y, bajo ningún concepto, estaban dispuestos a cambiarlo. Sus milagros, sus enseñanzas, su trayectoria de ministerio por toda Galilea no iban a moverles un ápice en sus opiniones acerca del hijo de José. Era uno de ellos, uno como cualquiera de ellos, un simple carpintero y, bajo ningún concepto, podían admitir sus pretensiones de ser el Mesías.

Hoy en día nos encontramos con muchas personas que reaccionan igualmente con respecto a la identidad de Jesús. Tienen su punto de vista formado y decidido. No importa cuántas evidencias, pruebas y razonamientos les presentemos, no están dispuestos a cambiar, porque no dudan, simplemente son incrédulos. Su aparente duda es simplemente una coartada para defender su negativa a considerar a Jesús debido a las implicaciones que ello puede traer a su estilo de vida, sus prioridades, sus valores.

PREGUNTAS DE APLICACIÓN

1. ¿Por qué una persona puede desarrollar una actitud de incredulidad hacia Jesús? ¿Crees que puede haber una relación con el estilo de vida? ¿De qué modo ambas cosas pueden estar relacionadas?

2. ¿Cuál es el peligro de permitir la incredulidad en nuestras vidas? ¿De qué modo puede ayudarte a contestar esta pregunta el pasaje de Hebreos 3?

3. ¿Cómo podemos ayudar a una persona incrédula?