MATEO 28:16-20

IDEA PRINCIPAL

LA EXPERIENCIA CON JESÚS SE CARACTERIZA POR LA ADORACIÓN, LA DUDA Y LA COMISIÓN

QUIÉNES ERAN

El texto es muy escueto, es decir, muy simple en su descripción, pero dice todo lo que tiene que decir. Todos los apóstoles se encontraban allí a excepción de Judas que ya había perpetrado su suicidio.

EN QUÉ CIRCUNSTANCIAS SE ENCONTRARON

Algunos estudiosos de la Biblia afirman que este encuentro tiene lugar con toda probabilidad, al final de los cuarenta días que pasó Jesús con sus discípulos y que aparecen mencionados en el libro de los Hechos, capítulo 1 versículos del 3 al 9.

El encuentro tiene lugar en una montaña de Galilea. Es importante recordar que en en los evangelio, especialmente en Mateo, la montaña es el lugar de revelación y comunión con Dios. En este contexto, Jesús comparte con sus discípulos tres cosas importantes. La primera, es una declaración acerca de sí mismo, Dios me ha dado toda autoridad en el cielo y en la tierra. La segunda es una comisión para sus discípulos y que es consecuencia de sus afirmación, id pues y haced discípulos a todas las naciones. La tercera, es una promesa, y sabed que yo estaré con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Una revelación, una comisión y una promesa que cambiaron el rumbo de la historia y de nuestras historias.

QUÉ IMPACTO PRODUJO EL ENCUENTRO EN SUS VIDAS

Este encuentro con Jesús produjo en ellos tres impactos diferentes. En primer lugar, ante la presencia del Jesús resucitado algunos respondieron con una actitud de adoración. Como buenos judíos, los discípulos sabían que únicamente Dios era merecedor de su adoración. De esto podemos deducir que, al menos en algunos de ellos, había una clara comprensión del carácter divino de Jesús el Maestro. Es interesante ver que Jesús no rechazó su adoración, al contrario, la aceptó.

Decimos que en algunos el encuentro los movió a la adoración, porque en otros provocó duda. Así lo afirma Mateo con toda claridad. Hay estudiosos de la palabra que se sienten incómodos con el hecho de que algunos de los discípulos reaccionan de esta manera y han indicado que la duda debió de darse en otras personas que probablemente estaban allí con el grupo escogido de los once. Sin embargo, esta interpretación no es plausible a la luz del texto evangélico ya que se indica con total claridad que eran los once los que estaban presentes y no existe mención de ningún otro grupo de personas allí. Creemos que no es de extrañar ya que en otras ocasiones la duda, la perplejidad aparece asociada con los discípulos y el Jesús resucitado.

Por último, el encuentro los convirtió en personas con una misión y un propósito, el hacer discípulos a todas las naciones. Jesús les encomendó la responsabilidad de continuar con la tarea de reconciliación del mundo con Dios que Él había comenzado. Por lo que todos sabemos gracias al libro de los Hechos, fueron fieles a la comisión recibida, a pesar de las dudas de algunos, y nosotros somos resultado de esa fidelidad.

QUÉ APLICACIÓN TIENE PARA NOSOTROS

Nuestra relación con Jesús el Maestro está, con toda probabilidad, caracterizada por los mismos ingredientes que hemos observado en el encuentro de los discípulos con Él.

Hay, sin duda, un reconocimiento de Jesús como nuestro Dios, Señor y Salvador personal. La comprensión de quién es Jesús y lo que ha hecho por nosotros nos lleva, o nos debe llevar, a una actitud de adoración.

Pero también hay ocasiones en que nuestra experiencia está marcada por la duda. La duda puede aparecer de muchas maneras y motivada por muchas razones diferentes. En ocasiones viene por el agobio y la presión de una realidad que no sabemos cómo afrontar y superar. Otras veces, se produce por nuestra incapacidad de visualizar cómo Dios puede trabajar en determinadas situaciones y, esta incapacidad, produce en nosotros una duda acerca de Él y su carácter. Aún en otras, la duda surge cuando confiar en las promesas y los consejos de Jesús parece una actitud demasiado arriesgada, contra toda razón y sentido común, incluso suicida en ocasiones.

Nuestra relación con Jesús está también por la comisión recibida. Su salvación no tiene únicamente como propósito salvarnos de infierno. Jesús nos salva y nos convierte en sus colaboradores en el proceso de restaurar el mundo a lo que Dios había planeado y el pecado impidió que fuera posible. Seguimos siendo responsables de la tarea de llevar el mensaje y hacer discípulos en todas las etnias, es decir, en todos los grupos sociales, culturales, que existen en nuestra sociedad.

Finalmente, nuestra relación con el Jesús resucitado está marcada por la gran promesa. La gran comisión va acompañada de la gran promesa, la de estar con nosotros en todo momento, en toda circunstancia, todos los días, hasta la consumación de la historia. Jesús no promete librarnos del dolor, los problemas, las penalidades, el sufrimiento físico, emocional y espiritual pero si ha garantizado su presencia con nosotros en medio de todo ello.

PREGUNTAS DE APLICACIÓN

¿Hay una actitud de adoración al Jesús resucitado en tu vida? En caso afirmativo ¿Cómo se evidencia? En caso negativo ¿Qué lo impide?
¿Has abandonado tu comisión? ¿Estas siguiendo el mandado de hacer discípulos? En caso afirmativo ¿Cómo se manifiesta? En caso negativo ¿Qué te lo impide?
¿Qué circunstancias estás viviendo que hacen necesaria su promesa de presencia continua?