COSMOGONÍAS VIII

NO ES BUENO QUE EL HOMBRE ESTÉ SOLO

GÉNESIS 2: 18-20

18 Luego, Dios el Señor dijo: «No es bueno que el hombre esté solo. Le voy a hacer alguien que sea una ayuda adecuada para él.»19 Y Dios el Señor formó de la tierra todos los animales y todas las aves, y se los llevó al hombre para que les pusiera nombre. El hombre les puso nombre a todos los animales domésticos, a todas las aves y a todos los animales salvajes, y ese nombre se les quedó. Sin embargo, ninguno de ellos resultó ser la ayuda adecuada para él.

Estos versículos nos hablan del carácter social del ser humano. Como vemos, antes que Aristóteles definiera al hombre como zoon politikon, es decir, animal social, la cosmogonía cristiana ya había establecido este principio tan importante que nos explica el porqué buscamos, nos sentimos atraídos y necesitamos de otros seres humanos semejantes a nosotros. Hemos sido creados y diseñados por el Señor de esta manera, con esta necesidad. Me llama la atención que eso implica que hay necesidades que Dios no puede suplir en el ser humano. Algunas personas, deseosas de "defender a Dios" afirmarían que no es que Él no pueda, sino más bien que ha decidido no satisfacerlas directamente sino por medio, en este caso, de otros seres humanos. Me parece bien. Sea de una forma u otra la realidad es que existen necesidades muy profundas en todo ser humano que Dios no satisfará, lo harán otros hombres y mujeres. No deja de ser interesante que incluso cuando nos convertimos en seguidores de Jesús este seguimiento no es individual, se lleva a cabo en el contexto de una comunidad.

La ayuda idónea. He oído predicaciones y seminarios afirmando el carácter complementario de la mujer con respecto al hombre. Parece muy osado afirmar semejante cosa en base a las afirmaciones de Génesis 2. La misma palabra hebrea -ayuda- se utiliza para definir al Señor, el cual, en los salmos es descrito como nuestro -ayudador- Nadie afirmaría una subordinación de Dios con respecto a la humanidad en base a que sea nuestro ayudador. Creo que este pasaje afirma la complementaridad entre la mujer y el hombre. Ambos han sido creados y diseñados por el Señor a su imagen y semejanza. Ambos reflejan cuando están juntos la totalidad de esa imagen y ambos se necesitan mutuamente.

En el mundo semítico el nombre era algo muy importante. Iba mucho más allá de ser una cosa exterior o denominativa, era una parte constitutiva de la persona. Así mismo, poner nombre indicaba autoridad o dominio sobre la persona u objeto nombrado. Pero ya hemos hablado que aquí dominio no significa el derecho a masacrar y explotar sino, más bien, nutrir, cuidar y proteger.

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