ACOSO

GÉNESIS 39:6-23

José era muy bien parecido y causaba buena impresión, así que después de algún tiempo la esposa de su amo se fijó en él, y un día le dijo:

—Acuéstate conmigo.

Pero José no quiso, y le contestó:

—Mire usted, mi amo ha dejado a mi cargo todo lo que tiene, y estando yo aquí, no tiene de qué preocuparse. En esta casa nadie es más que yo; mi amo no me ha negado nada, sino sólo a usted, pues es su esposa; así que, ¿cómo podría yo hacer algo tan malo, y pecar contra Dios?

10 Y aunque ella insistía con José todos los días para que se acostara con ella y estuviera a su lado, él no le hacía caso. 11 Pero un día José entró en la casa para hacer su trabajo y, como no había nadie allí, 12 ella lo agarró de la ropa y le dijo:

—Acuéstate conmigo.

Pero él salió corriendo y dejó su ropa en las manos de ella. 13 Cuando ella vio que al salir le había dejado la ropa en sus manos,14 llamó a los siervos de la casa y les dijo:

—Miren, mi esposo nos trajo un hebreo que ahora se burla de nosotros. Entró a verme y quería acostarse conmigo, pero yo grité muy fuerte; 15 y cuando me oyó gritar con todas mis fuerzas, salió corriendo y hasta dejó aquí su ropa.

16 Luego, ella guardó la ropa de José hasta que su amo llegó a la casa. 17 Entonces le contó lo mismo, y dijo:

—El esclavo hebreo que nos trajiste entró en mi cuarto y quiso deshonrarme, 18 pero cuando grité con todas mis fuerzas, salió corriendo y dejó su ropa aquí. 19 Así me trató tu esclavo.

El amo de José se enojó mucho al oír lo que su esposa le estaba contando, 20 así que agarró a José y ordenó que lo metieran en la cárcel, donde estaban los presos del rey. Pero aun en la cárcel 21 el Señor siguió estando con José y mostrándole su bondad, pues hizo que se ganara la simpatía del jefe de la cárcel, 22 el cual dejó todos los presos a su cargo. José era el que daba las órdenes para todo lo que allí se hacía, 23 y el jefe de la cárcel no tenía que revisar nada de lo que estaba a cargo de José, porque el Señor estaba con él y hacía que todo le saliera bien.

 

Este pasaje, bien conocido por los lectores habituales de la Escritura, me enseña varias cosas importantes que creo que es necesario tener en cuenta para que mis expectativas acerca de Dios y cómo actúa o, mejor dicho, cómo pienso que debe actuar, en la vida de los creyentes no sean defraudadas.

Primera, hay personas buenas que sufren de forma injusta. Es falsa, y no encaja para nada en la realidad vital de los seguidores de Jesús, la noción de que los creyentes siempre son bendecidos. Que si haces el bien prosperas y los malos siempre son castigados. Lo cierto es que hay mucha gente buena que sufre de forma injusta debido a la maldad o los intereses despiadados de otros.

Segunda, hay ocasiones en que el sufrimiento viene, precisamente, por querer ser fiel a Dios y vivir bajo sus principios. Esto completa la idea anterior acerca del sufrimiento del justo. José sufrió por su deseo de no pecar contra el Señor y no traicionar la confianza en él depositada por su amo. El resultado fue ir a parar a la cárcel.

Tercera, el sufrimiento injusto no significa que Dios nos ha abandonado ¡En absoluto! Aún en medio de las situaciones duras y difíciles el Señor estaba con José y lo está con nosotros. Esto me hace pensar en el salmo 23 cuando afirma, aunque ande en valle de sombra de muerte no temeré mal alguno porque tú estarás conmigo. La Palabra no promete librarnos del mismo, pero si la compañía del Señor en todo el tiempo de travesía.

 

UN PRINCIPIO

EL SUFRIMIENTO NO SIGNIFICA LA AUSENCIA DE DIOS

UNA PREGUNTA

¿QUÉ SITUACIONES DE LA VIDA VIVIMOS EN QUE PRECISAMOS RECORDAR ESTE PRINCIPIO?