COSMOGONÍAS VII

COMER O NO COMER, HE AQUÍ EL DILEMA

GÉNESIS 2:4-17

Cuando Dios el Señor hizo el cielo y la tierra, aún no había plantas ni había brotado la hierba, porque Dios el Señor todavía no había hecho llover sobre la tierra, ni había nadie que la trabajara. Sin embargo, de la tierra salía agua que regaba todo el terreno. Entonces Dios el Señor formó al hombre de la tierra misma, y sopló en su nariz y le dio vida. Así el hombre se convirtió en un ser viviente.

Después Dios el Señor plantó un jardín en la región de Edén, en el oriente, y puso allí al hombre que había formado. Hizo crecer también toda clase de árboles hermosos que daban fruto bueno para comer. En medio del jardín puso también el árbol de la vida y el árbol del conocimiento del bien y del mal.

10 En Edén nacía un río que regaba el jardín, y que de allí se dividía en cuatro. 11 El primero se llamaba Pisón, que es el que da vuelta por toda la región de Havilá, donde hay oro. 12 El oro de esa región es fino, y también hay resina fina y piedra de ónice.13 El segundo río se llamaba Guihón, y es el que da vuelta por toda la región de Cus. 14 El tercero era el río Tigris, que es el que pasa al oriente de Asiria. Y el cuarto era el río Éufrates.

15 Cuando Dios el Señor puso al hombre en el jardín de Edén para que lo cultivara y lo cuidara, 16 le dio esta orden: «Puedes comer del fruto de todos los árboles del jardín, 17 menos del árbol del bien y del mal. No comas del fruto de ese árbol, porque si lo comes, ciertamente morirás.»

 

En este estudio quiero centrarme en la orden que el Señor dio a Adán y siempre en el contexto de la cosmogonía bíblica, es decir, la explicación del porqué de como somos nosotros y nuestro mundo.

Pienso que lo más importante es la esencia de la orden -obedecer- que no los detalles de la misma -comer-. El Señor podría haber dicho que podía tirar la río todas las piedras a excepción de una determinada. O podría haber visitado todos los lugares menos uno específico. El punto centra es la obediencia a la voluntad de Dios y, por tanto, la posibilidad de decirle ¡NO!, algo que, como ya vimos, es esencial para que una relación pueda ser significativa.

Este pasaje nos muestra también que Dios hizo al ser humano libre y no hay libertad a menos que haya la posibilidad de escoger. El ser humano podía comer o no comer y con ello estaba ejerciendo su libertad. Podíamos haber sido creados de tal manera que estuviéramos programados para hacer su voluntad y obedecer sin tener que tomar decisiones morales. Programados para siempre escoger el bien. Sin embargo, esa programación mataría nuestra libertad al negarnos la posibilidad de escoger, de decidir, de tomar decisiones morales libres.

Libertad y responsabilidad es un binomio que siempre va de la mano aunque no nos guste que sea así. La libertad implica la posibilidad de escoger pero también implica la responsabilidad por las consecuencias de nuestras decisiones, porque toda decisión, nos guste o no, lleva implícita consecuencias por las que hemos de asumir plena responsabilidad. Lo ideal, lo que nos gustaría, lo que en más de una ocasión hemos reclamado, es poder tomar las decisiones que quisiéramos pero sin tener que asumir las consecuencias que se pudieran derivar. Nos gustaría que alguien lo hiciera por nosotros. Es en este contexto -en mi opinión- que debe enmarcarse la advertencia del Señor con respecto a la desobediencia. Dicho de otro modo sería algo así como, eres libre de comer de cualquier árbol, incluyendo el árbol del conocimiento del bien y del mal. Ahora bien, sepas que la consecuencia de hacerlo será la muerte. Tú mismo.

 

UN PRINCIPIO

LIBERTAD Y RESPONSABILIDAD ES UN BINOMIO INSEPARABLE

UNA PREGUNTA

¿QUÉ CONSECUENCIAS ESTÁS EXPERIMENTANDO O PODRÍAS EXPERIMENTAR COMO CONSECUENCIA DEL EJERCICIO DE TU LIBERTAD?