COSMOGONÍAS VI

UN SER HUMANO Y UN ÁRBOL

GÉNESIS 2:4-17

Cuando Dios el Señor hizo el cielo y la tierra, aún no había plantas ni había brotado la hierba, porque Dios el Señor todavía no había hecho llover sobre la tierra, ni había nadie que la trabajara. Sin embargo, de la tierra salía agua que regaba todo el terreno. Entonces Dios el Señor formó al hombre de la tierra misma, y sopló en su nariz y le dio vida. Así el hombre se convirtió en un ser viviente.

Después Dios el Señor plantó un jardín en la región de Edén, en el oriente, y puso allí al hombre que había formado. Hizo crecer también toda clase de árboles hermosos que daban fruto bueno para comer. En medio del jardín puso también el árbol de la vida y el árbol del conocimiento del bien y del mal.

10 En Edén nacía un río que regaba el jardín, y que de allí se dividía en cuatro. 11 El primero se llamaba Pisón, que es el que da vuelta por toda la región de Havilá, donde hay oro. 12 El oro de esa región es fino, y también hay resina fina y piedra de ónice.13 El segundo río se llamaba Guihón, y es el que da vuelta por toda la región de Cus. 14 El tercero era el río Tigris, que es el que pasa al oriente de Asiria. Y el cuarto era el río Éufrates.

15 Cuando Dios el Señor puso al hombre en el jardín de Edén para que lo cultivara y lo cuidara, 16 le dio esta orden: «Puedes comer del fruto de todos los árboles del jardín, 17 menos del árbol del bien y del mal. No comas del fruto de ese árbol, porque si lo comes, ciertamente morirás.»

Con estos versículos se da comienzo a lo que se conoce como el segundo relato de la creación -recordemos una vez que estamos en el contexto de la cosmogonía cristiana, es decir, la explicación del porqué el universo y nosotros mismos somos del modo que somos-. Este segundo relato es mucho menos exhaustivo que el primero pero mucho más detallista y comienza a introducir en la escena elementos que después, como veremos, juegan un papel muy importante.

En primer lugar, se vuelve a hablar de la creación del ser humano y, en este caso concreto se habla de la del hombre. El ser humano fue creado para tener una relación que fuera significativo con su creador. Ahora bien, para que una relación sea de este tipo tiene, necesariamente, que ser libre y opcional, debe de ser deseada por ambas partes. En otras palabras, ha de tratarse de una relación en que cualquier de las dos partes pueda tener la capacidad de decir ¡NO! ha dicha relación, en caso contrario, no es posible que haya significado en dicha relación.

Un ejemplo puede ayudar a entenderlo. Un hombre, usando la fuerza física, puede poseer el cuerpo de una mujer y forzarla a tener relaciones sexuales con él. Lo puede hacer y, además, de forma continuada. Sin embargo, nunca podrá poseer su corazón porque este ha de ser entregado de forma voluntaria y personal. El violador podrá tener una relación física, pero nunca una significativa que ha de ser libre, voluntaria, deseada. Para concluir con este punto, Dios crea al ser humano con la posibilidad de decirle ¡NO!, de rechazar esa relación significativa que el Señor buscaba.

El segundo aspecto importante en este pasaje es que se nos habla del árbol de la vida y del conocimiento del bien y del mal. Respecto a este último un grupo de comentaristas bíblicos indica, El verbo "conocer" tiene en el Antiguo Testamento una gran riqueza de significado: además de referirse al conocimiento propiamente intelectual y al experimental (incluidas las relaciones sexuales), puede también implicar las ideas de elección, discernimiento e incluso de dominio. Por tanto, conocer el bien y el mal equivale a elegir por cuenta propia y con absoluta independencia qué es lo bueno y qué es lo malo, es decir, a tener plena autonomía en el campo moral.

UN PRINCIPIO

DIOS NOS CREÓ PARA TENER UNA RELACIÓN SIGNIFICATIVA CON ÉL

UNA PREGUNTA

¿CÓMO ESTÁ EL NIVEL DE ESA RELACIÓN SIGNIFICATIVA EN TU EXPERIENCIA?