JACOB MARCHA

GÉNESIS  28:1-9

Entonces Isaac llamó a Jacob, lo bendijo y le dio esta orden: «No te cases con ninguna mujer de esta tierra de Canaán. Vete a Padán-aram, a la casa de tu abuelo Betuel, y cásate allá con una de las hijas de tu tío Labán. Que el Dios todopoderoso te bendiga y te dé muchos descendientes, para que de ti salgan muchas naciones. Que te dé a ti, y también a tus descendientes, la bendición que le prometió a Abraham, para que sean dueños de esta tierra donde ahora vivimos como extranjeros, pues él se la prometió a Abraham.»

Así fue como Isaac envió a Jacob a Padán-aram. Jacob llegó a casa de Labán, que era hijo de Betuel el arameo y hermano de Rebeca, la madre de Jacob y Esaú.

Esaú había visto cuando Isaac le dio su bendición a Jacob y lo envió a Padán-aram para casarse allá. También se fijó en que su padre, al bendecirlo, le encargó que no se casara con ninguna mujer de Canaán, y que Jacob se fue a Padán-aram como su padre y su madre le habían dicho. De esa manera Esaú se dio cuenta de que a su padre no le agradaban las mujeres de Canaán;por eso fue a ver a Ismael, hijo de Abraham, y tomó por esposa a su hija Mahalat, que era hermana de Nebaiot, además de las esposas cananeas que ya tenía.

 

En este pasaje vemos la necesidad que Jacob, después del engaño perpetrado, tiene de huir para salvar su vida ante los deseos de venganza de su hermano Esaú.

Llama la atención en un texto tan corto el aspecto de unión con otras mujeres que se da tanto en un hermano como en el otro. Isaac aconseja a su hijo menor que no se case con una mujer cananea. Su hermano lo había hecho y las cónyuges habían supuesto un quebradero de cabeza para sus padres (véase 26:34 y 35). De hecho, el propio Esaú reflexionó al respecto y se dio cuenta de que aquello había disgustado a sus padres.

¿Cuál es el principio que podemos deducir de todo esto? Al menos para mí se trata de reflexionar muy bien cuáles son nuestras asociaciones, es decir, con quién nos asociamos y nos relacionamos. En el mundo evangélico siempre se ha hecho hincapié en no unirse en yugo desigual con los infieles y se ha aplicado de forma prácticamente exclusiva al matrimonio.

Hay, sin embargo, muchas relaciones que son tóxica debido al carácter tóxico de las personas con quienes nos asociamos. Hay muchas personas que, al margen de que sean o se denominen creyentes, son verdaderamente una influencia negativa a nivel intelectual, emocional e incluso espiritual. Hay personas que no nos hacen ningún bien o, quizás, nosotros mismos somos ese tipo de personas y allá donde vamos influenciamos de una forma negativa y proyectamos toxicidad sobre los demás.

Este breve pasaje me supone un doble desafío, primero, valorar qué influencia tienen sobre mi vida las personas con las que me asocio. Segundo, que influencia tengo yo sobre ellos. Sabiduría de siglos para un mundo tan complejo como el nuestro.

UN PRINCIPIO

LA INFLUENCIA EJERCEN SOBRE MÍ LAS RELACIONES QUE ESTABLEZCO

UNA PREGUNTA

¿QUÉ INFLUENCIA EJERZO YO SOBRE LAS RELACIONES QUE ESTABLEZCO?