ESAÚ Y JACOB

GÉNESIS 25:19-33

Ésta es la historia de Isaac, el hijo de Abraham. 20 Isaac tenía cuarenta años cuando se casó con Rebeca, que era hija de Betuel y hermana de Labán, los arameos que vivían en Padán-aram. 21 Rebeca no podía tener hijos, así que Isaac le rogó al Señor por ella. Y el Señor oyó su oración y Rebeca quedó embarazada. 22 Pero como los mellizos se peleaban dentro de su vientre, ella pensó: «Si esto va a ser así, ¿para qué seguir viviendo?» Entonces fue a consultar el caso con el Señor, 23 y él le contestó:

«En tu vientre hay dos naciones,
dos pueblos que están en lucha
desde antes de nacer.
Uno será más fuerte que el otro,
y el mayor estará sujeto al menor.»

24 Llegó al fin el día en que Rebeca tenía que dar a luz, y tuvo mellizos. 25 El primero que nació era pelirrojo, todo cubierto de vello, y lo llamaron Esaú. 26 Luego nació su hermano, agarrado al talón de Esaú con una mano, y por eso lo llamaron Jacob. Isaac tenía sesenta años cuando Rebeca los dio a luz.27 Los niños crecieron. Esaú llegó a ser un hombre del campo y muy buen cazador; Jacob, por el contrario, era un hombre tranquilo, y le agradaba quedarse en el campamento. 28 Isaac quería más a Esaú, porque le gustaba comer de lo que él cazaba, pero Rebeca prefería a Jacob.

29 Un día en que Jacob estaba cocinando, Esaú regresó muy cansado del campo 30 y le dijo:

—Por favor, dame un poco de ese guiso rojo que tienes ahí, porque me muero de hambre.

(Por eso a Esaú también se le conoce como Edom.)

31 —Primero dame a cambio tus derechos de hijo mayor —contestó Jacob.

32 Entonces Esaú dijo:

—Como puedes ver, me estoy muriendo de hambre, de manera que los derechos de hijo mayor no me sirven de nada.

33 —Júramelo ahora mismo —insistió Jacob.

Esaú se lo juró, y así le cedió a Jacob sus derechos de hijo mayor. 34 Entonces Jacob le dio a Esaú pan y guiso de lentejas. Cuando Esaú terminó de comer y beber, se levantó y se fue, sin dar ninguna importancia a sus derechos de hijo mayor.

 

Este pasaje es un clásico, significa el comienzo del breve ciclo patriarcal de Isaac que, apenas, dura un par de capítulos. Así mismo nos narra el nacimiento de sus dos hijos y el antagonismo que marcará la relación entre ambos desde el seno del vientre materno. El texto también nos refleja una familia disfuncional con los hermanos enfrentados y los padres abiertamente mostrando su preferencia por uno u otro hijo.

Lo más remarcable, sin embargo, en mi opinión es la venta de los derechos de hijo mayor que lleva a cabo Esaú a cambio de un guiso de lentejas. La transacción entre seres humanos es algo tan viejo como la humanidad misma, nada hay de especial en ello. En todo intercambio de este tipo damos algo a cambio de otra cosa. En este caso específico Esaú cede sus derechos como hijo mayor -que incluían una mayor parte de la herencia y la jefatura social y espiritual de la familia- por un plato de lentejas.

Pero el mismo da la explicación del porqué lo hace. En aquel momento tenía un impulso o necesidad urgente y perentoria y estuvo dispuesto a dar cualquier cosa que todavía no podía gozar a cambio de algo que satisfacía aquella necesidad nimia pero presente. Así somos en la sociedad postmoderna, dispuestos a traficar lo más importante y valioso a cambio de una satisfacción efímera pero inmediata. Este es uno de los signos de nuestra sociedad, satisfacer cualquier necesidad aquí y ahora sin tener en cuenta las implicaciones futuras.

 

UN PRINCIPIO

VIVIMOS EN UNA SOCIEDAD QUE NOS INVITA A TRAFICAR NUESTROS VALORES Y PRINCIPIOS A CAMBIO DE SATISFACCIÓN INMEDIATA DE CUALQUIER IMPULSO

UNA PREGUNTA

¿QUÉ TRAFICAS Y A CAMBIO DE QUÉ?