DESTRUCCIÓN DE SODOMA Y GOMARRA

GÉNESIS 19:1-27

Empezaba a anochecer cuando los dos ángeles llegaron a Sodoma. Lot estaba sentado a la entrada de la ciudad, que era el lugar donde se reunía la gente. Cuando los vio, se levantó a recibirlos, se inclinó hasta tocar el suelo con la frente y les dijo:

—Señores, por favor les ruego que acepten pasar la noche en la casa de su servidor. Allí podrán lavarse los pies, y mañana temprano seguirán su camino.

Pero ellos dijeron:

—No, gracias. Pasaremos la noche en la calle.

Sin embargo, Lot insistió mucho y, al fin, ellos aceptaron ir con él a su casa. Cuando llegaron, Lot les preparó una buena cena, hizo panes sin levadura, y los visitantes comieron.

Todavía no se habían acostado, cuando todos los hombres de la ciudad de Sodoma rodearon la casa y, desde el más joven hasta el más viejo, empezaron a gritarle a Lot:

—¿Dónde están los hombres que vinieron a tu casa esta noche? ¡Sácalos! ¡Queremos acostarnos con ellos!

Entonces Lot salió a hablarles y, cerrando bien la puerta detrás de él, les dijo:

—Por favor, amigos míos, no vayan a hacer una cosa tan perversa. Yo tengo dos hijas que todavía no han estado con ningún hombre; voy a sacarlas para que ustedes hagan con ellas lo que quieran, pero no les hagan nada a estos hombres, porque son mis invitados.

Pero ellos le contestaron:

—¡Hazte a un lado! Sólo faltaba que un extranjero como tú nos quisiera mandar. ¡Pues ahora te vamos a tratar peor que a ellos!

En seguida comenzaron a maltratar a Lot y se acercaron a la puerta para echarla abajo, 10 pero los visitantes de Lot alargaron la mano y lo metieron dentro de la casa; luego cerraron la puerta, 11 e hicieron quedar ciegos a los hombres que estaban afuera. Todos, desde el más joven hasta el más viejo, quedaron ciegos. Y se cansaron de andar buscando la puerta. 12 Entonces los visitantes le dijeron a Lot:

—¿Tienes más familiares aquí? Toma a tus hijos, hijas y yernos, y todo lo que tengas en esta ciudad; sácalos y llévatelos lejos de aquí, 13 porque vamos a destruir este lugar. Ya son muchas las quejas que el Señor ha tenido contra la gente de esta ciudad, y por eso nos ha enviado a destruirla.

14 Entonces Lot fue a ver a sus yernos, o sea, a los prometidos de sus hijas, y les dijo:

—¡Levántense y váyanse de aquí, porque el Señor va a destruir esta ciudad!

Pero sus yernos no tomaron en serio lo que Lot les decía. 15 Como ya estaba amaneciendo, los ángeles le dijeron a Lot:

—¡De prisa! Levántate y llévate de aquí a tu esposa y a tus dos hijas, si no quieres morir cuando castiguemos a la ciudad.

16 Pero como Lot se tardaba, los ángeles lo tomaron de la mano, porque el Señor tuvo compasión de él. También tomaron a su esposa y a sus hijas, y los sacaron de la ciudad para ponerlos a salvo. 17 Cuando ya estaban fuera de la ciudad, uno de los ángeles dijo:

—¡Corre, ponte a salvo! No mires hacia atrás, ni te detengas para nada en el valle. Vete a las montañas, si quieres salvar tu vida.

18 Pero Lot les dijo:

—¡No, señores míos, por favor! 19 Ustedes me han hecho ya muchos favores, y han sido muy buenos conmigo al salvarme la vida, pero yo no puedo ir a las montañas porque la destrucción me puede alcanzar en el camino, y entonces moriré. 20 Cerca de aquí hay una ciudad pequeña, a la que puedo huir. ¡Déjenme ir allá para salvar mi vida, pues realmente es una ciudad muy pequeña!

21 Entonces uno de ellos dijo:

—Te he escuchado y voy a hacer lo que me has pedido. No voy a destruir la ciudad de que me has hablado, 22 pero ¡anda!, vete allá de una vez, porque no puedo hacer nada mientras no llegues a ese lugar.

Por eso aquella ciudad fue llamada Sóar.

23 Cuando ya había amanecido y Lot había llegado a Sóar, 24 el Señor hizo llover fuego y azufre sobre Sodoma y Gomorra; 25 las destruyó junto con todos los que vivían en ellas, y acabó con todo lo que crecía en aquel valle. 26 Pero la mujer de Lot, que venía siguiéndole, miró hacia atrás y allí mismo quedó convertida en una estatua de sal.

27 Al día siguiente por la mañana, Abraham fue al lugar donde había estado hablando con el Señor; 28 miró hacia Sodoma y Gomorra, y por todo el valle, y vio que de toda la región subía humo, como si fuera un horno. 29 Así fue como Dios destruyó las ciudades del valle donde Lot vivía, pero se acordó de Abraham y sacó a Lot del lugar de la destrucción.

Al leer este pasaje y las interpretaciones que los estudiosos dan del mismo me he dado cuenta que cada uno arrima, según dice el refrán de la lengua castellana el ascua a su sardina. Es decir, lo interpreta en función de su posición teológica previa y lo hace encajar en la misma. Algo muy común en todos nosotros.
Para algunos estudiosos, que no pueden conciliar el carácter amoroso de Dios con la destrucción de dos ciudades, este pasaje carece de toda validez histórica y, por tanto, es una forma que Israel, en fecha muy tardía, tiene de explicar la existencia de ese pasaje tan desolador como es el del mar Muerto y sus alrededores.
Para aquellos que tienen una obsesión con el pecado sexual y lo consideran como el epítome de todos los pecados y, especialmente, la homosexualidad, este pasaje expresa el horror y rechazo del Señor por dicha conducta y, por tanto, su decreto de destrucción de la ciudad. Ahora bien ¿Qué dice en realidad en pasaje?
Sin duda habla de la depravación de los ciudadanos de Sodoma y Gomarra. Las alusiones sexuales son clara y específicas. También habla de su total falta de respeto por las leyes orientales de la hospitalidad, algo tan importante que Lot está dispuesto a entregar a sus dos hijas ya comprometidas para preservar la integridad de sus huéspedes.
El pasaje, nos guste o no, habla también del juicio del Señor. No podemos negar el carácter justo de Dios y que la paga del pecado es la muerte. Tenemos la tendencia, más bien obsesiva, de enfatizar de manera sesgada el carácter del Señor haciendo énfasis en uno u otro de sus atributos o bien negando uno para poder afirmar el otro. Lo cierto, es que conforme indican las Escrituras, el Señor emite juicio y castiga el pecado.
Creo que este pasaje nos enseña que el pecado es algo serio. Que el pecado merece y exige el castigo de un Dios justo. Que si el Señor no sigue ejerciendo ese tipo de juicios tan característicos del Antiguo Testamento no es porque no haya merecimiento para ello. Es más bien que nos movemos en la dimensión de la gracia y Jesús ya ha pagado por nuestros pecados. Él ha llevado sobre sí mismo todo el juicio de Dios.
UN PRINCIPIO
EL PECADO SIEMPRE DEMANDA COMPENSACIÓN
UNA PREGUNTA
¿QUÉ SITUACIONES EN TU VIDA DEMANDAN EL JUICIO DE DIOS Y LA GRACIA DE CRISTO?