LA TIENDA Y EL ALTAR

GÉNESIS 13: 14-18

14 Después que Lot se fue, el Señor le dijo a Abram: «Desde el lugar donde estás, mira bien al norte y al sur, al este y al oeste;15 yo te daré toda la tierra que ves, y para siempre será tuya y de tus descendientes. 16 Yo haré que ellos sean tantos como el polvo de la tierra. Así como no es posible contar los granitos de polvo, tampoco será posible contar tus descendientes.17 ¡Levántate, recorre esta tierra a lo largo y a lo ancho, porque yo te la voy a dar!»

18 Así pues, Abram levantó su campamento y se fue a vivir al bosque de encinas de un hombre llamado Mamré, cerca de la ciudad de Hebrón. Allí construyó un altar en honor del Señor.

 

Después de la separación entre Abraham y su sobrino el Señor se le aparece nuevamente y le confirma la promesa de que sus descendientes -que no él- heredarán toda la tierra. En este sencillo y breve pasaje hay dos cosas que me llaman poderosamente la atención y que son de inspiración, a la vez que desafío para mí. Dos cosas que marcarán toda la vida de Abraham y que deberían de marcar también la mía. Las dos cosas son símbolos, ilustraciones de algo mucho más profundo. Al acercarme a ellos debo hacerlo pensando no en lo que son en sí mismas, sino en aquello que representan.

Estas dos cosas son la tienda y el altar. La tienda es el símbolo del nómada, del peregrino. Significa movilidad, transitoriedad, disponibilidad al cambio, no echar raíces demasiado tiempo ni demasiado profundas. Es así como se define la vida del seguidor de Jesús, un nómada, un peregrino. Eso tiene la implicación de transitoriedad, no de desentenderse de los problemas y necesidades de este mundo, no olvidemos que somos agentes de restauración, sino de enredarnos con todo aquello que nos puede hacer perder nuestro llamamiento, vocación, destino y razón de ser.

El altar es el símbolo de la presencia y la relación con Dios. Yo no tengo altares físicos. Creo, tal y como enseña la Escritura, que el Dios vivo habita en mí, que yo soy su templo, su lugar sagrado. Eso me implica reflexionar sobre el modo en que vivo ya que de forma constante estoy en su presencia, con Él, a su lado. No debo ir a ningún lugar para encontrarme con aquel que mora plenamente en mi vida.

Quiero, aspiro, deseo y soy consciente que soy responsable de esforzarme para que estos dos símbolos y las realidades que representan estén de forma constante presentes en mi vida.

 

UN PRINCIPIO

VIVIR UNA VIDA CARACTERIZADA POR LA TIENDA Y EL ALTAR.

UNA PREGUNTA

¿CUÁN PRESENTES ESTÁN ESTAS DOS REALIDADES EN TU VIDA?