CAÍN Y ABEL 3

GÉNESIS 4:9-15

Entonces el Señor le preguntó a Caín:

—¿Dónde está tu hermano Abel?

Y Caín contestó:

—No lo sé. ¿Acaso es mi obligación cuidar de él?

10 El Señor le dijo:

—¿Por qué has hecho esto? La sangre de tu hermano, que has derramado en la tierra, me pide a gritos que yo haga justicia.11 Por eso, quedarás maldito y expulsado de la tierra que se ha bebido la sangre de tu hermano, a quien tú mataste. 12 Aunque trabajes la tierra, no volverá a darte sus frutos. Andarás vagando por el mundo, sin poder descansar jamás.

13 Entonces Caín respondió al Señor:

—Yo no puedo soportar un castigo tan grande. 14 Hoy me has echado fuera de esta tierra, y tendré que vagar por el mundo lejos de tu presencia, sin poder descansar jamás. Y así, cualquiera que me encuentre me matará.

15 Pero el Señor le contestó:

—Pues si alguien te mata, será castigado siete veces.

Entonces el Señor le puso una señal a Caín, para que el que lo encontrara no lo matara. 16 Caín se fue del lugar donde había estado hablando con el Señor, y se quedó a vivir en la región de Nod, que está al oriente de Edén.

 

No es difícil hacer un paralelismo entre Génesis 3:9 donde Dios le pregunta a Adán ¿Dónde estás) y 4:9 donde el Señor le pregunta a Caín, ¿Dónde está tu hermano? Estas dos simples preguntas encierran un principio de tremenda trascendencia, ante Dios no, únicamente, somos responsables de nuestra vida, también lo somos de la vida de nuestros hermanos. En un sentido literal y en un sentido más amplio de todos aquellos que están dentro de nuestro círculo de influencia y acción.

Frente al Dios que nos confronta con la responsabilidad de nuestro hermano nos encontramos con la respuesta elusiva de Caín, ¿Es acaso mi obligación cuidar de él? Es lo que yo he dado en llamar "el síndrome de Caín" la tendencia producida por el pecado de centrarnos en nosotros mismos, en nuestros sentimientos, nuestras preocupaciones, nuestras necesidades y desentendernos totalmente de los demás. Si otros sufren, lo pasan mal, padecen opresión, abuso, abandono, pobreza, miseria, oscuridad y esclavitud espiritual y un largo etcétera, será, sin duda, la responsabilidad del alguien, pueden ser los servicios sociales, la administración, los líderes de la iglesia, cualquier otro menos yo.

El síndrome de Caín es una de las consecuencias de la ruptura que el pecado ha producido en las relaciones interpersonales. Es un pecado sibilino, fácil de que pase desapercibido ya que se trata del pecado de omisión, el pecado de no hacer, de no tomar responsabilidad, de no hacerse cargo de la situación de otro. Sin duda, muchos de nosotros podemos afirmar, y es verdad, que no hacemos mal a nadie, sin embargo, el problema es que tampoco hacemos ningún bien a tanto necesitado a nuestro alrededor.

 

UN PRINCIPIO

DIOS NOS HACE RESPONSABLES DE NUESTRAS VIDAS Y LAS DE NUESTROS HERMANOS

UNA PREGUNTA

¿DÓNDE ESTÁ TU HERMANO?