COSMOGONÍAS XVII

EXPULSADOS

GÉNESIS 3: 20-24

20 El hombre llamó Eva a su mujer, pues ella fue la madre de todos los que viven. 21 Dios el Señor hizo ropa de pieles de animales para que el hombre y su mujer se vistieran, 22 y dijo: «Ahora el hombre se ha vuelto como uno de nosotros, pues sabe lo que es bueno y lo que es malo. No vaya a tomar también del fruto del árbol de la vida, y lo coma y viva para siempre.»

23 Por eso Dios el Señor sacó al hombre del jardín de Edén, y lo puso a trabajar la tierra de la cual había sido formado. 24 Después de haber sacado al hombre, puso al oriente del jardín unos seres alados y una espada ardiendo que daba vueltas hacia todos lados, para evitar que nadie llegara al árbol de la vida.


Hay tres aspectos que llaman poderosamente la atención en este pasaje y que veremos a continuación.

El primero, es que Adán y Eva son expulsados del jardín y han de vagar por la tierra. Hay un profundo simbolismo en esto, ambos han de marchar de casa, se convierten en gente sin hogar, en exiliados que constantemente estarán añorando el regreso al país perdido. Pienso que este vacío producido por ser exiliados está profundamente arraigado en el corazón de todo ser humano y no es difícil para mí verlo entroncado con la parábola del hijo pródigo y el deseo de volver a la casa del padre de donde nunca debimos marchar.

El segundo, el la provisión de Dios para cubrir la desnudez del ser humano. El Señor toma la iniciativa de cubrirla con pieles de animales lo cual me lleva a pensar en dos cosas significativas. Una, es que Él no se desentiende de nuestro estado de vulnerabilidad y provee. Otra, es que animales tuvieron que morir para que las pieles pudieran cubrir la desnudez y este detalle me lleva a pensar en algo que vemos repetido una y otra vez, cuando hay pecado, hay derramamiento de sangre para poderlo cubrir.

El tercer aspecto, es que al ser humano se le veta el acceso al árbol de la vida. Hasta cierto punto ha conseguido lo que deseaba, ser igual a Dios y conocer el bien y el mal, aunque ha experimentado la "letra pequeña" del contrato que Satanás dijo que no sería ejecutada -la muerte- y que ahora es una realidad en su vida. Los dos árboles son incompatibles, no podemos comer simultáneamente del árbol de la vida y del árbol del conocimiento. Nuestra opción por uno hace incompatible la opción por el otro. Tenemos conocimiento -como buscábamos- pero hemos perdido la inmortalidad. Es importante notar, sin embargo, que el árbol no fue destruido, siguió en pie, y eso es un signo de esperanza porque volveremos a encontrarnos con él al final de la historia, en el libro de Apocalipsis.


UN PRINCIPIO

A PESAR DE TODO, DIOS NO SE DESENTIENDE.

UNA PREGUNTA

¿EN QUÉ ASPECTOS DE TU VIDA NECESITAS EXPERIMENTAR QUE, A PESAR DE TODO, DIOS NO SE DESENTIENDE?