CRISTO MUERTO INUTILMENTE

GÁLATAS 2:15-21

 

15 Nosotros, que somos judíos de nacimiento y no pecadores gentiles,

16 sabemos muy bien que nadie puede ser considerado justo por obedecer a la ley mosaica, sino únicamente por la fe en Jesucristo. Nosotros, que hemos creído en Jesucristo, somos hechos justos por esa fe en Cristo y no por haber obedecido a la ley de Moisés. ¡Nadie es hecho justo por cumplirla!

17 ¿Pero qué hacer, si confiados en Cristo para ser hechos justos por la fe resulta que estamos equivocados y que hemos de reconocernos pecadores? ¿Diremos entonces que Cristo es la causa de nuestro pecado?... ¡De ninguna manera!,

18 pues en realidad mi pecado consistiría en volver a edificar aquellas mismas cosas que ya había destruido en mí como doctrinas erróneas.

19 Yo, por la lectura de la ley mosaica, he comprendido que ahora estoy muerto para la ley a fin de vivir para Dios.

20 Con Cristo estoy crucificado, y ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí. Y esta vida verdadera que ahora vivo es el resultado de mi fe en el Hijo de Dios, que me amó y se entregó a muerte por mí.

21 No, de ninguna forma desecharé la gracia de Dios, porque esto evidente: que si fuéramos hechos justos por cumplir la ley, no habría sido necesario que Cristo muriese por nosotros.

 

Pablo resume el evangelio que predica de una manera muy simple y sencilla, Dios nos hace justo, es decir, nos justifica, nos restablece en la amistad con Él, única y exclusivamente por medio de la fe, la confianza, en Cristo Jesús resucitado. Punto y final. El apóstol añade que las obras de la Ley no sirven absolutamente para nada y no tienen la capacidad de declararnos justo delante del Señor. Si por medio de las obras una persona pudiera ser declarada justo y restablecida en la amistad con el Señor, la muerte de Jesús carecería de total sentido y habría muerto en vano.

Cualquier cristiano estaría de acuerdo con las afirmaciones del apóstol. En teoría todos aceptamos esta afirmación y nos gozamos en la mismas, en la práctica, sin embargo, muchas de nuestras iglesias y denominaciones han ido añadiendo, de forma sutil y sibilina, a la muerte de Jesús como base para la justificación, otras cosas. De tal modo que en la práctica hemos de vivir de un determinado modo y tener unas determinadas prácticas si realmente queremos ganar el favor, amor y aprobación de Dios. Estas pueden estar relacionadas con la asistencia a la iglesia, la práctica de determinados ritos, el manejo del dinero de un modo específico, la sumisión a un tipo concreto de autoridad, la experiencia de ciertos dones y carismas y otras cosas similares que varían de iglesia en iglesia y de denominación a denominación. Lo peligroso, no obstante, es el principio, añadir a lo que Jesús ya hizo, volviendo esto desde insuficiente hasta inútil.

 

UN PRINCIPIO

NADA, ABSOLUTAMENTE NADA, PUEDE AÑADIR A LA GRACIA DE DIOS MOSTRADA EN JESÚS

UNA PREGUNTA

¿QUÉ SUCEDE CUÁNDO ANALIZAMOS NUESTRA FE A LA LUZ DEL PRINCIPIO?