ANSIEDAD

FILIPENSES 4:6-7

No se aflijan por nada, sino preséntenselo todo a Dios en oración; pídanle, y denle gracias también. Así Dios les dará su paz, que es más grande de lo que el hombre puede entender; y esta paz cuidará sus corazones y sus pensamientos por medio de Cristo Jesús.

¡Qué pasaje tan adecuado para los tiempo que corren! especialmente en España, en mi país, ya que el pasaje, aunque la versión que encabeza esta entrada habla de afligirse, en realidad nos habla acerca de estar afanosos y ansiosos.

La ansiedad es una reacción de nuestro ser ante aquello que percibimos como un peligro, una amenaza, algo que puede afectarnos. Es sufrir de forma emocional -y en algunos casos incluso física- por escenarios futuros, sean posible o imaginarios, que percibimos nos pueden suceder.

 No es difícil sufrir ansiedad cuando pensamos en la situación económica presente y cómo evolucionará de forma futura. No hace falta darle demasiada rienda suelta a nuestra imaginación y pensar que podemos perder nuestro trabajo, si es que todavía lo tenemos, o no encontrar ninguno, si es que aún estamos buscando. La mente tiene una gran creatividad para imaginar todo tipo de escenarios posibles, especialmente los más catastróficos y esto, sin duda, produce y genera ansiedad.

 Pablo, el apóstol, nos da una fórmula magistral para poderla afrontar, presentársela ante Dios. Lo que el apóstol nos indica es que negar la realidad, reprimirla, ignorarla, pretender que no existe, no sirve absolutamente para nada.

 Pablo nos indica que la hagamos presente, que le pongamos nombre y apellidos, que la verbalicemos ante el Señor, que le expliquemos todos los miedos, inseguridades, sufrimientos, inquietudes y dudas que nos presenta la situación que genera ansiedad. Hay un gran poder en verbalizar las cosas, en poder ponerles etiquetas, en poder reconocer que existen y están ahí.

 El idioma castellano no refleja el tiempo verbal que aparece en el griego. Pablo no dice que lo hagamos una vez ¡Y ya está, asunto concluido! No, el tiempo verbal griego expresa continuidad. Sería más adecuado traducirlo, presentadlo de forma continuada ante el Señor. Dicho de otra manera, una y otra vez. Este tipo de pensamientos tienen la gran fuerza de ser recurrentes de venir de forma cíclica a nuestras mentes. Por eso, el apóstol indica, tantas veces como vengan, aunque sea un millón de veces al día, presentadlo al Señor con ruego y acción de gracias

 Creo que es importante el matiz de darle gracias. Cuando expreso gratitud al Señor le estoy expresando fe. Le estoy expresando confianza en que Él está al caso, sabe, conoce, tiene el control. Cuando doy gracias verbalizo que mi vida no está a merced de las leyes del mercado o fuerzas políticas, sociales o económicas incontrolables, sino más bien en las manos del Dios que aún controla y gobierna el universo.

El resultado, según Pablo y doy fe de ello, es que la paz del Señor, que va más allá de todo lo que uno de forma racional y razonable puede entender, llenará nuestras mentes y nuestros corazones. Porque la paz no es la ausencia de conflictos, sino más bien la capacidad de vivir en medio de ellos. La fórmula de Pablo nos permite cambiar la ansiedad por paz.

 UN PRINCIPIO

LA PAZ VIENE COMO CONSECUENCIA DE DEJAR LA ANSIEDAD EN MANOS DE DIOS

UNA PREGUNTA

¿QUÉ SITUACIONES ACTUALES REQUIEREN QUE APLIQUES ESTE PRINCIPIO?