COSMOGONÍAS XIII

LAS CONSECUENCIAS DEL PECADO 2. RUPTURA INTERNA

GÉNESIS 3:7-10

La rebelión del ser humano contra Dios no solamente rompe la relación entre ambos, sino que produce una ruptura interna en el ser humano. Génesis 3 nos habla de toda una serie de estados de ánimo auto destructivos que, antes de su rebelión, eran totalmente desconocidos para Adán y Eva pero que, a partir de ahora, pasan a ser parte consustancial de nuestra experiencia humana. En el capítulo tres podemos observar el miedo, la culpabilidad, la vergüenza. Si vamos al capítulo cuatro -como veremos más adelante- podremos notar la ira, la rabia, los celos y la envidia. Esta lista es simplemente descriptiva y no pretende ser, en ninguna manera, exhaustiva.

Dentro como estamos del contexto de la cosmogonía cristiana este pasaje nos enseña el porqué vivimos el tipo de experiencia humana que vivimos. Somos personas rotas, fracturadas, quebradas. Vivimos en una esquizofrenia interior entre nuestra capacidad de entender, valorar y aspirar al bien y la realidad de que, con demasiada frecuencia, rompemos nuestros propios códigos y valores. Todos nosotros nos sentimos avergonzados de las cosas que somos capaces de desear, las motivaciones que pueden llegar a impulsarnos, las acciones u omisiones que, en un momento dado, podemos llevar a cabo. Vivimos en contradicción con nosotros mismos. El apóstol Pablo lo describió de forma magistral cuando al dirigirse a los cristianos que formaban parte de la comunidad de Roma, en el capítulo 7,  dijo:

15 No entiendo el resultado de mis acciones, pues no hago lo que quiero, y en cambio aquello que odio es precisamente lo que hago. 16 Pero si lo que hago es lo que no quiero hacer, reconozco con ello que la ley es buena. 17 Así que ya no soy yo quien lo hace, sino el pecado que está en mí.18 Porque yo sé que en mí, es decir, en mi naturaleza débil, no reside el bien; pues aunque tengo el deseo de hacer lo bueno, no soy capaz de hacerlo. 19 No hago lo bueno que quiero hacer, sino lo malo que no quiero hacer. 20 Ahora bien, si hago lo que no quiero hacer, ya no soy yo quien lo hace, sino el pecado que está en mí.

21 Me doy cuenta de que, aun queriendo hacer el bien, solamente encuentro el mal a mi alcance. 22 En mi interior me gusta la ley de Dios, 23 pero veo en mí algo que se opone a mi capacidad de razonar: es la ley del pecado, que está en mí y que me tiene preso.

La desobediencia, la rebelión, nuestra declaración de independencia con respecto a Dios ha traído como consecuencia una experiencia humana rota de la que tú y yo participamos plenamente. Esta parte de la cosmogonía lo que hace es dar una explicación a mi humanidad, decirme por qué la vivo de esa forma tan rota, fracturada y, en ocasiones, insufrible. Porque, realmente, el ser humano con el que resulta más difícil convivir es con uno mismo. Podemos alejarnos de Dios, podemos alejarnos de otras personas pero, lamentablemente, no podemos huir de nosotros mismos y nuestra experiencia humana fracturada.

UN PRINCIPIO

EL PECADO ME HACE VIVIR UNA EXPERIENCIA HUMANA ROTA

UNA PREGUNTA

¿EN QUÉ ÁREAS DE TU VIDA ES EVIDENTE ESA RUPTURA?