LA ALTERNATIVA AL PESIMISMO VITAL II

SIN DIOS, CON DIOS

ECLESIASTÉS 3: 16-22

 16 He podido ver también que en este mundo hay corrupción y maldad donde debiera haber justicia y rectitud. 17 Por lo tanto digo que Dios juzgará al hombre honrado y al malvado, porque hay un momento para todo lo que ocurre y para todo lo que se hace.

    18 También digo, en cuanto a la conducta humana, que Dios está poniendo a prueba a los hombres para que se den cuenta de que también ellos son como animales. 19 En realidad, hombres y animales tienen el mismo destino: unos y otros mueren por igual,[c] y el aliento de vida es el mismo para todos. Nada de más tiene el hombre que el animal:[d] todo es vana ilusión, 20 y todos paran en el mismo lugar; del polvo fueron hechos todos, y al polvo todos volverán. 21 ¿Quién puede asegurar que el espíritu del hombre sube a las alturas de los cielos, y que el espíritu del animal baja a las profundidades de la tierra?[e] 22 Me he dado cuenta de que no hay nada mejor para el hombre que disfrutar de su trabajo, pues eso es lo que le ha tocado, ya que nadie lo traerá a que vea lo que habrá de ocurrir después de su muerte.

El escritor del libro hace dos observaciones importantes, la primera, se refiere a la corrupción que impera en el mundo que nos ha tocado vivir. Podemos verlo en el versículo 16 que otras traducciones expresan del siguiente modo, en la sede del derecho, el delito; en el tribunal de justica, la injusticia. Realmente es pare frustrarse cuando uno tiene que lidiar y experimentar semejante contradicción.
La segunda, tiene que ver con el destino final del ser humano. El autor del libro de Eclesiastés compara la vida humana con la vida animal y no parece encontrar ninguna diferencia entre su origen y su destino. De hecho, la injusticia que prevalece y triunfa parece poner de manifiesto la conducta animal del ser humano. De hecho, en este sentido, el ser humano es mucho más animal que las propias bestias. Estas carecen de moralidad y únicamente causan dolor cuando la necesidad de comer o protegerse les incita. El ser humano tiene moralidad y su comportamiento puede ser tremendamente sádico e impropio de la condición humana.
Al tener en cuenta estas dos observaciones sin Dios en la perspectiva, es decir, bajo el sol. El versículo 22, que es la conclusión del pasaje, podría leerse en clave totalmente cínica. Dicho de otra manera, ante semejante incongruencia del mundo en que vivimos, lo mejor es comer y beber, como decía el personaje de los evangelio, porque mañana moriremos, carpe diem, carpe horam.
Pero además de bajo el sol otra lectura es posible introduciendo al Señor en la perspectiva. Por eso, el escritor afirma que a pesar de la injusticia que ahora impera una auténtica justicia llegará de la mano de Dios que, en su momento, juzgará por igual al justo y al injusto y ejecutará sentencia sobre ambos. La injusticia -resultado de la acción humana- puede prevalecer, pero los justicia -resultado de la acción divina- triunfará a su tiempo. Además, en el propio libro, en el capítulo 12 verso 7 el autor de Eclesiastés nos indica que si, efectivamente, hay diferencia entre el ser humano y el animal y, de nuevo, es Dios quien ha marcado esa diferencia.
Al introducir al Señor en la ecuación el versículo final puede leerse en clave de esperanza y satisfacción. Dios está en el control de los asuntos humanos, no ha dejado su creación a la deriva, la justicia triunfará y, consecuentemente, podemos vivir el presente disfrutando de lo que podemos porque eso, verdaderamente, es un don de Dios.
UN PRINCIPIO
En toda situación la perspectiva cambia cuando introduces a Dios en la ecuación.
UNA PREGUNTA
¿Qué situaciones hay en tu vida en las que debes introducir a Dios en la ecuación?