LAS QUIMERAS DEL SABIO V

MUERTE, LA CERTEZA ÚLTIMA

ECLESIASTÉS 2: 12-23

 12 Después me puse a reflexionar sobre la sabiduría, la estupidez y la necedad: ¿Qué más podrá hacer el que reine después de mí, sino lo que ya antes ha sido hecho? 13 Y encontré que es más provechosa la sabiduría que la necedad, así como es más provechosa la luz que la oscuridad.

    14 El sabio usa bien los ojos, pero el necio anda a oscuras. Sin embargo, me di cuenta de que a todos les espera lo mismo, 15 y me dije: "Lo que le espera al necio también me espera a mí, así que de nada me sirve tanta sabiduría. ¡Hasta eso es vana ilusión! 16 Porque nunca nadie se acordará ni del sabio ni del necio; con el correr del tiempo todo se olvida, y sabios y necios mueren por igual."

    17 Llegué a odiar la vida, pues todo lo que se hace en este mundo resultaba en contra mía. Realmente, todo es vana ilusión, ¡es querer atrapar el viento! 18 Llegué a odiar también todo el trabajo que había realizado en este mundo, pues todo ello tendría que dejárselo a mi sucesor. 19 Y una cosa era segura: que él, ya fuera sabio o necio, se adueñaría de todo lo que con tanto trabajo y sabiduría logré alcanzar en este mundo. ¡Y esto también es vana ilusión!

    20 Al ver lo que yo había hecho en este mundo, lamenté haber trabajado tanto, 21 pues hay quien pone sabiduría, conocimientos y experiencia en su trabajo, tan solo para dejárselo todo a quien no trabajó para obtenerlo. ¡Y también esto es vana ilusión y una gran injusticia!

    22 En fin, ¿qué saca el hombre de tanto trabajar y de tanto preocuparse en este mundo? 23 Toda su vida es de sufrimientos, es una carga molesta; ni siquiera de noche descansa su mente. ¡Y esto también es vana ilusión!

El autor del libro de Eclesiastés comienza este fragmento con la misma reflexión sobre la vida pero teniendo en mente su hipotético sucesor que, por extensión, podríamos decir, las personas que seguirán después de él.

A pesar de haber afirmado anteriormente que la sabiduría no tiene la capacidad para dar respuestas últimas a la vida, no por eso deja de reconocer un valor intrínseco en la misma. Es mejor, comenta, el sabio que el necio. El primer camina viendo, el segundo, va a ciegas en su trayectoria por la vida.

Pero después de dicha reflexión, y de preferir la sabiduría sobre la necedad, llega de nuevo el pesimismo más radical porque tanto el sabio como el necio acabarán en muerte que es la certeza, la realidad última de la vida de todo individuo. Nadie se acabará acordando ni del sabio ni del necio, de uno y del otro se olvidarán y no quedará memoria. Por eso, el escritor afirma dramáticamente que llegó a odiar la vida debido a todas las cargas que conlleva y que producen tanto dolor -dimensión física- y sufrimiento -la dimensión emocional.

La siguiente reflexión se centra en aquel que le sucederá, el que vendrá después de él. El autor afirma que no deja de ser ridículo tanto esfuerzo, tanto trabajo, tanto acumular para luego dejarlo en manos de alguien que no sabemos si será sabio o necio y si lo tirará todo lo por la borda.

Por eso, el pasaje acaba con una nueva reafirmación del argumento clave de esta sección del libro, que bajo el sol todo es ilusión, es querer perseguir el viento, todo carece de sentido último y cuando uno, como es su caso, lo piensa profundamente sólo recibe cansancio -físico y emocional- de día y de noche.

 

UN PRINCIPIO

Es mejor ser sabio que necio pero, al final, los dos acaban igual

UNA PREGUNTA

¿Examinas tu vida por las noches? ¿Qué observas al hacerlo?