EL LLAMADO A UNA DECISIÓN

JUVENTUD EFÍMERA

ECLESIASTÉS 11:7-10

Muy agradable es la luz, y es bueno que los ojos vean el sol; pero aunque uno viva muchos años y disfrute de todos ellos, debe recordar que los días de oscuridad serán muchos, y que todo lo que está por venir es vana ilusión.

Diviértete, joven, ahora que estás lleno de vida; disfruta de lo bueno ahora que puedes. Déjate llevar por los impulsos de tu corazón y por todo lo que ves, pero recuerda que de todo ello Dios te pedirá cuentas. 10 Aleja de tu mente las preocupaciones y echa fuera de ti el sufrimiento, porque aun los mejores días de la juventud son vana ilusión.

 

Cuando uno se acerca a este pasaje que concluye el capítulo once del libro de Eclesiastés se encuentra con varios principios de trabajo importantes: El primero, es que en dos ocasiones se habla de lo efímera y transitoria que es la vida, la cual, se ve de forma diferente cuando uno está en la juventud y, como es mi caso, cuando se está acercando a la vejez desde la madurez. Cuando uno es joven la vida parece eterna y uno vive con una cierta sensación de inmunidad. Pareciera que ese estado duraría para siempre y nunca acabaría. Cuando uno es maduro tiene un claro sentimiento de haber vivido muy deprisa, que la vida se acaba y se ha pasado como un auténtico suspiro.

Debido a esa realidad efímera de la vida el escritor de Eclesiastés nos invita a disfrutar tanto como nos sea posible de la vida. Ya ha dicho en otras ocasiones, no es nuevo ahora, que eso es un auténtico don de Dios y, por tanto, vale la pena hacerlo. No es, sin embargo, una invitación a una vida desequilibrada y sin frenos en búsqueda del placer, pues nos recuerda que deberemos de dar cuentas a Dios de la forma en que lo hayamos hecho.

Me gusta este concepto de rendir cuentas, lo que los sajones llaman, accountability. Creo que es tremendamente sano y necesario porque introduce un factor de equilibrio y balance en nuestra experiencia personal que hace que podamos vivir la vida con mucha más sabiduría.

UN PRINCIPIO

Disfruta de la vida sin olvidar que deberás de explicarle a Dios qué y cómo lo has hecho.

UNA PREGUNTA

¿Qué resultado obtendríamos si tuviéramos que rendir cuentas a Dios hoy mismo?