AUTORIDAD, INJUSTICIA Y LA VIDA DE FE V

UN DESTINO COMÚN

ECLESIASTÉS  9:1-6

A todo esto me he entregado de lleno, tan sólo para descubrir que las obras de buenos y de sabios están en las manos de Dios. Nada sabe el hombre del amor ni del odio, aun cuando los tenga ante sus ojos. Al fin y al cabo, a todos les espera lo mismo: al justo y al injusto, al bueno y al malo, al puro y al impuro, al que ofrece sacrificios y al que no los ofrece; lo mismo al bueno que al pecador, al que hace juramentos y al que no los hace.

Esto es lo malo de todo lo que pasa en este mundo: que a todos les espera lo mismo. Por otra parte, el pensamiento del hombre está lleno de maldad; la estupidez domina su mente durante toda su vida; y al fin de cuentas, ¡al cementerio!

Tiene más esperanza aquel a quien se concede seguir viviendo, pues vale más perro vivo que león muerto. Además, los que viven saben que han de morir, pero los muertos ni saben nada ni ganan nada, porque se les echa al olvido. Allí terminan su amor, su odio y sus pasiones, y nunca más vuelven a tomar parte en nada de lo que se hace en este mundo.

La verdad es que el escritor del libro de Eclesiastés siempre es ambivalente en sus razonamientos y en sus planteamientos. En estos versículos por dos veces indica que el destino común de todo ser humano es la muerte. No importa quién seas, cómo vivas, que categoría tengas. Ni siquiera importa tu bondad y tu justicia porque vas a acabar en una miserable fosa ¡O incinerado! como cualquier otro tipo. Un razonamiento de este tipo es descorazonador y se le quitan a uno las ganas de tratar de vivir una vida de rectitud, justicia y santidad.
Pero luego, como en el pasaje examinado ayer, sale con su pragmatismo habitual y afirma que más vale un perro vivo que un león muerto y, dicho de otro modo, mientras hay vida hay algún tipo de esperanza, porque, al fin y al cabo, los muertos si que no tienen ya ningún futuro, ningún conocimiento y ninguna esperanza.
En mi opinión, como tantas veces ya he visto en este libro, hay un canto a la vida, una celebración de la realidad presente y una invitación a sacarle el máximo provecho a ese don de Dios. Es cierto, que muchas personas tienen serias limitaciones físicas, mentales, emocionales o de otro tipo, que les impiden disfrutar con plenitud de la experiencia vital. Sin embargo, y a pesar de la certeza de lo anterior, lo cierto es que muchos que tenemos todo el potencial para hacerlo y pocas o ninguna limitación, no lo hacemos. La vida nunca será perfecta, nunca encontraremos ese estado idílico de la existencia. Sólo tenemos el hoy y el ahora para vivirlo bajo el sol y con Dios.
UN PRINCIPIO
Si no disfrutas el día de hoy no hay ninguna garantía que disfrutarás el día de mañana.
UNA PREGUNTA
¿Cómo puedes disfrutar más el hoy y el aquí? ¿Qué ayuda puedes encontrar en las Escrituras?