AUTORIDAD, INJUSTICIA Y LA VIDA DE FE  IV

LA MÍNIMA FELICIDAD POSIBLE

ECLESIASTÉS 8:15-17

15 Por eso, me declaro en favor de la alegría. Y lo mejor que puede hacer el hombre en este mundo es comer, beber y divertirse, porque eso es lo único que le queda de su trabajo en los días de vida que Dios le da en este mundo.

16 Mientras más me entregué a aprender y a saber y a observar todo lo que se hace en este mundo —llega un momento en que no puede uno dormir a ninguna hora—, 17 más cuenta me di de que el hombre no puede comprender lo que Dios hace ni lo que ocurre en este mundo. Por más que luche buscando la respuesta, no la encontrará; aun cuando el sabio diga conocerla, en realidad no ha podido encontrarla.

 

El escritor de Eclesiastés vuelve a expresar sus sentimientos ambivalentes con respecto a la sabiduría como ya hemos visto en pasajes anteriores. Por un lado afirma que muere igual el sabio que el necio, su destino es el mismo. Sin embargo, no deja de reconocer el valor que la sabiduría tiene y que, sin duda, puesto que ambos mueren, mejor ser sabio que ayuda a vivir la vida cotidiana.

Aquí nos indica que por más que uno se entregue a la sabiduría e intente comprender y discernir las cosas siempre nos vamos a encontrar con limitaciones y con realidades que son paradójicas y con un sinfín de situaciones que parecen no tener el más mínimo sentido.

Por eso, como también ha dicho en otras muchas ocasiones, su invitación es a disfrutar de la vida en la medida que nos sea posible considerando la realidad que cada uno de nosotros vivimos y experimentamos. El mismo escritor del libro ya ha afirmado que no todo el mundo posee esta capacidad y que la misma, no va unida necesariamente a las riquezas, la fama o el poder, sino que es más bien un don de Dios.

 

UN PRINCIPIO

Disfrutar de lo que tenemos aquí y hoy.

UNA PREGUNTA

¿Qué te impide disfrutar de todo lo que Dios te ha dado?