AUTORIDAD, INJUSTICIA Y VIDA DE FE III

PARADOJA

ECLESIASTÉS 8:10-14

10 También he visto que a gente malvada, que se mantuvo alejada del lugar santo, la alaban el día de su entierro; y en la ciudad donde cometió su maldad, nadie después lo recuerda. Y esto no tiene sentido, 11 porque al no ejecutarse en seguida la sentencia para castigar la maldad, se provoca que el hombre sólo piense en hacer lo malo. 12 ¡Así resulta que el que peca y sigue pecando vive muchos años! (Lo que yo sabía es que a los que honran a Dios y guardan reverencia ante él, les va bien; 13 y que, por el contrario, a los malvados les va mal y su vida pasa como una sombra porque no muestran reverencia ante Dios.) 14 Y así se da en este mundo el caso sin sentido de hombres buenos que sufren como si fueran malos, y de hombres malos que gozan como si fueran buenos. ¡Yo digo que tampoco esto tiene sentido!

15 Por eso, me declaro en favor de la alegría. Y lo mejor que puede hacer el hombre en este mundo es comer, beber y divertirse, porque eso es lo único que le queda de su trabajo en los días de vida que Dios le da en este mundo.

 

El sentido común nos dice que a los buenos o justos les debería ir bien y a los malvados o injustos las cosas les deberían salir mal. Del mismo modo son muchos los fragmentos de la Biblia que indican que los justos florecerán, crecerán, el Señor estará con ellos siempre y prosperarán. También la Escritura indica que, precisamente, todo lo contrario es lo que les sucederá a los injustos.

La realidad nos indica que las cosas no son tan sencillas, la realidad nos muestra que la mayoría de las veces no son así y que vemos, precisamente y como indican estos versículos de Eclesiastés, que los que prosperan, les va bien y, además, son honrados, reconocidos y respetados por otros son aquellos que hacen el mal. Esta es la paradoja. Por eso, a los ojos del autor del libro, es otro de los sin sentidos de esta vida.

La Escritura está llena de hombres honrados que sufrieron y padecieron a pesar de su honradez o, incluso, debido a ella. Jesús, el Señor es el primer y más importante ejemplo de ello. Job sigue en la lista de aquellos que fueron sorprendidos por un sufrimiento que no merecían y mucho menos entendían. De hecho, tanto Pedro como Pablo, los apóstoles, nos hablan de un sufrimiento que viene como consecuencia de nuestro seguimiento de Jesús y que podría ser evitable tan sólo no siguiéndolo o hacíendolo de una manera tibia. Finalmente, el salmo 73 es un pasaje paradigmático acerca de esta paradoja del sufrimiento del justo y la prosperidad del injusto. Es fácil sentirse reflejado en la experiencia del salmista al leerlo y, al mismo tiempo, no da una clara perspectiva de cuál es el resultado final.

 

UN PRINCIPIO

El justo no siempre prospera, al malo no siempre las cosas le van mal

UNA PREGUNTA

¿Cómo experimentas y procesas esta paradoja en tu propia experiencia?