AUTORIDAD, INJUSTICIA Y VIDA DE FE I

REFLEXIÓN SOBRE LA AUTORIDAD

ECLESIASTÉS 8: 1-17

Cumple las órdenes del rey, pues así lo has jurado ante Dios. No salgas de su presencia con demasiada rapidez. No tomes parte en asuntos malvados, porque él puede hacer lo que se le antoje.La palabra del rey tiene autoridad final, y nadie puede pedirle cuenta de sus actos.

Al que cumple una orden, no le pasará nada malo, y el que es sabio entiende cuándo y cómo debe cumplirla. En realidad, hay un momento y un modo de hacer todo lo que se hace, pero el gran problema del hombre es que nunca sabe lo que va a suceder, ni hay nadie que se lo pueda advertir.

Los estudiosos de la Biblia consideran que aquí comienza una nueva sección del libro. La estructura de proverbios continúa, pero estos se articulan alrededor del tema de la autoridad, las injusticias y la vida de fe.

Los versículos que hoy son considerados están muy lejos de nuestra realidad cultural. De todos los países de habla castellana únicamente en España vivimos en una monarquía y esta es de tipo parlamentario y, por tanto, el monarca no tiene el más mínimo poder político que el marcado por la constitución y este es bien poco. No obstante España y otros muchos países de América han sufrido dictaduras y sería lo más cercano, culturalmente hablando, a lo que nos exponen estos versos.

En mi opinión el principio de trabajo es la lealtad. Hay ocasiones en que una persona lo ha de ser en función de compromisos tomados -el juramento- o bien por las consecuencias que pueden derivarse de la falta de lealtad -puede hacer lo que se le antoje-. Estos dos factores nos llevan a considerar la necesidad de ser leales a nuestros compromisos. Por eso afirma que la persona sabia sabrá discernir el cómo y el cuándo para llevar a cabo los compromisos derivados de la lealtad. Ahora bien, no siempre es fácil discernir esos dos aspectos, cómo y cuándo, de ahí la importancia de pararse, tomar distancia y reflexionar.

Este mensaje, pararse y reflexionar, Dios lo está impactando una y otra vez en mi vida personal. La vida contemporánea nos impone un ritmo dramático, loco y desenfrenado que nos obliga a movernos hacia adelante en todos los ámbitos de la misma. No podemos parar y continuamos hacia adelante sin pararnos a preguntarnos si vamos en la dirección correcta puesto que ¿De qué sirve ir muy rápido y adelantar continuamente a los demás si estamos en el camino equivocado? Creo que todos, de tanto en tanto, tenemos breves momentos de lucidez en los que nos preguntamos acerca de si vamos en la dirección correcta pero, el pánico nos puede, la propia dinámica de la vida nos empuja y, simplemente, seguimos.

 

UN PRINCIPIO

Correr e ir rápido no es un equivalente de ir en la dirección correcta.

UNA PREGUNTA

¿En qué dirección vas, a dónde te lleva este camino?