Dios nos invita a seguirle para restaurar en nosotros las cuatro grandes rupturas producidas por el pecado, pero también quiere que le sigamos para colaborar con Él en la tarea de hacer que el universo sea lo que Dios pretendió y el pecado no permitió que fuera. Jesús nos convierte en agentes de restauración en un mundo roto y fracturado por el pecado.

Este trabajo de ser agentes de restauración lo llevamos a cabo en el contexto de la vida cotidiana. Es en nuestro centro de trabajo o estudios, en nuestra familia, con nuestros amigos, en nuestro bloque de viviendas donde somos llamados a traer restauración a un mundo en fractura.

El trabajo de colaborar con Jesús en su proceso restaurador del universo no es algo reservado a personas "profesionales" con formación y experiencia teológica. El privilegio y responsabilidad de ser un restaurador es dado a todo cristiano.

La estrategia de Jesús es brillante, se trata de penetrar todos los segmentos de la sociedad de forma vírica, porque allí donde hay un seguidor de Jesús, en cualquier ámbito, hay un potencial agente de restauración, no para hacer adeptos de la fe cristiana, sino para traer restauración a un mundo fragmentado. Su estrategia no consiste en que las personas rotas vayan a la iglesia para ser restauradas, contrariamente, consiste en llevar el poder sanador y restaurador de la iglesia a un mundo roto.

Como veremos más adelante, no hay posiciones neutrales en esta lucha, o somos agente de ruptura y añadimos más fragmentación a este mundo roto o, por el contrario, somos agentes de sanación y restauración.

¿Cómo pues en la práctica podemos actuar como agentes de restauración?

Veamos los consejos de Jesús y Pablo, uno de sus seguidores, al respecto.

TRABAJANDO A FAVOR DE LA PAZ

Felices los que trabajan a favor de la paz, porque Dios los llamará hijos suyos. (Mateo 5:9)

Estas palabras de Jesús son sencillas y poderosas. Indican que una de las características que identifican a los auténticos hijos de Dios, no aquellos que se denominan como tales, es el trabajo activo y esforzado a favor de la paz. Los hijos de Dios son pacificadores. En la práctica significa que podemos y debemos apoyar todas las causas que favorezcan la paz entre los pueblos, las naciones, las familias, los individuos. Significa también que debemos meditar muy seriamente si nuestras acciones, nuestras actitudes, favorecen o dificultan la paz. Es importante señalar que Jesús habla de aquellos que activa e intencionalmente buscan la paz. No se trata, pues, únicamente, de no crear conflictos sino de traer paz a personas rotas y a un mundo roto.

Piensa por un momento en tu realidad personal ¿eres un agente de conflictividad o, por el contrario, alguien que trabaja por la paz? ¿Qué situaciones hay a tu alrededor que demandan tu trabajo activo a favor de la paz?

AMANDO AL ENEMIGO

Sabéis que se dijo. Ojo por ojo y diente por diente. Pero yo os digo: no recurráis a la violencia contra el que os haga daño. Al contrario, si alguno te abofetea en una mejilla, preséntale también la otra. Y al que quiera pleitear contigo para quitarte la túnica, cédele el manto. Y si alguno te fuerza a llevar una carga durante una milla, llévasela dos. A quien te pida algo, dáselo; y a quien te ruegue que le hagas un préstamo, no le vuelvas la espalda. (Mateo 5:38-42)

Estas palabras de Jesús no son fáciles y la primera tentación, sin ninguna duda, es relativizarlas y tratar de suavizarlas. Sin duda nos ofrece y pide un cambio de paradigma. Tanto si las tomamos de forma literal como si deseamos encontrar principios básicos de actuación, nos demandan un cambio en nuestra percepción de las cosas y en nuestra manera de vivir y afrontar los conflictos.

Jesús nos hace una invitación a responder al conflicto con humildad y frenando de forma radical la espiral de violencia y agresividad que nuestra sociedad y estilo de vida genera.

Nuevamente, piensa en tu realidad, es costoso, lo sé pero ¿Qué situaciones de agresión y tensión estás viviendo que te ofrecen una oportunidad de responder como agente de restauración?