JESÚS VIVE EN TI

Jesús vive en cada uno de sus seguidores y lo hace por medio del Espíritu Santo.

Lo cierto es que se trata de un misterio. El misterio es definido como una dosis excesiva de realidad. El misterio es algo que va más allá de lo que la razón puede procesar.

No se trata de algo irracional, se trata más bien de algo suprarracional. Nuestro cerebro, limitado por definición, no puede procesar ciertas dimensiones de la realidad, es demasiado para él. Si me permites una ilustración es como intentar cargar Windows Vista Professional en un viejo ordenador 386. Es demasiado para el procesador, no puede manejar semejante carga de información. Eso es misterio.

Jesús, justo antes de ascender a los cielos después de su resurrección afirmó:

  • Dios me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos a los habitantes de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a cumplir todo lo que yo os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. (Mateo 28:18-29)

El anónimo escritor del libro de los Hebreos abunda en la misma idea

  • Ya que es Dios mismo quien ha dicho: Nunca te abandonaré; jamás te dejaré solo (Hebreos 13:5)
Cuando Jesús vivió en está tierra como ser humano estaba limitado, como cualquiera de nosotros, por el tiempo y el espacio. Si estaba en Jerusalén no podía estar en Jericó. De hecho, cuando en una ocasión se produce la muerte de uno de sus amigos íntimos, Lázaro, las hermanas del difunto le reprochan no haber estado allí para salvar a su hermano (Juan 11). Era cierto, Jesús se encontraba en otra parte del país. Sin embargo, ahora, por medio de su Espíritu puede vivir en cada uno de nosotros, sin las limitaciones que impone el tiempo y el espacio. Eso es misterio.

Adán y Eva vivieron escondiéndose de Dios debido a la ruptura en la relación con Él. Jesús al restaurar esa fractura nos da el privilegio de poder acceder libremente en todo tiempo y lugar a la presencia de Dios. De nuevo, el escritor del libro de Hebreos usa una ilustración con gran fuerza gráfica.
  • Pues no tenemos un sumo sacerdote [Jesús] incapaz de compadecerse de nuestras debilidades; al contrario, excepto el pecado, ha experimentado todas nuestras pruebas. Acerquémonos, pues, llenos de confianza a ese trono de gracia, seguros de encontrar la misericordia y el favor divino en el momento preciso. (Hebreos 4:15 y 16)
El protocolo en las cortes orientales era muy estricto. En la corte persa, por ejemplo, una persona no podía nunca acercarse a la presencia del rey sin haber sido expresamente llamado. Hacerlo podía significar la muerte de quien osara acercarse, a menos, que el monarca extendiera su cetro y tocara el hombro del osado individuo. En aquel caso, se le concedía gracia, podía vivir y acercarse al monarca. En caso contrario era condenado a muerte.

La imagen gráfica del libro de Hebreos es la de la corte oriental. Toda ella está reunida en el salón del trono ante el monarca. Nobles, dignatarios, embajadores, altos oficiales, gobernadores, todos ante la presencia del rey siguiendo el rígido protocolo.

De repente, las puertas se abren y un niño entra corriendo en la sala y se dirige al trono donde, ante el asombro de todos es acogido y recibe toda la atención. ¡Es el hijo del rey! puede acercarse cuando quiera, para lo que quiera. Puede acercarse con total y absoluta confianza. No importa el protocolo, ese es su privilegio y derecho.

Esta es la idea que transmite el escritor de Hebreos. Tenemos el derecho de acercarnos cuando queramos al trono de Dios, donde nos espera el mismo Jesús, aquel que ha sido ser humano como tú y yo y, por tanto, puede entender muy bien cualquier situación que le puedas plantear, él ha estado allí y comprende.

PERDONADO

Finalmente, nuestra ruptura ha sido restaurada y hemos recibido de parte de Dios total y absoluto perdón.
  • Con la muerte de su hijo [Jesús] y en virtud de la riqueza de su bondad, Dios nos libera y nos perdona los pecados. (Efesios 1:7)
  • El es quien nos ha rescatado del poder de las tinieblas y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido, del que nos viene la liberación y el perdón de los pecados. (Colosenses 1:13 y 14)
Simplemente, para acabar, piensa en el contraste entre la situación de Adán y Eva y la nuestra propia. Somos perdonados, declarados inocentes, rescatados, convertidos en hijos y el mismo Jesús vive en nosotros por medio de su Espíritu.

Me gustaría pedirte que, por favor, leas estas palabras de Pablo escritas a las comunidades cristianas que se reunían en la ciudad de Colosas, actual Turquía:

  • Tambien vosotros estuvistéis en otro tiempo lejos de Dios y fuistéis sus enemigos por el modo de pensar y por las malas acciones. Ahora, en cambio, por la muerte que Cristo ha sufrido en su cuerpo mortal, Dios ha hecho la paz con vosotros para admitiros en su presencia como a pueblo consagrado, sin mancha y sin tacha. (Colosenses 1:21-22)
Si lo crees conveniente, dale gracias a Dios por haber restaurado la fractura en nuestra relación con Él.