En el evangelio que escribió Lucas leemos la siguiente historia relacionada con seguir a Jesús:

  • Después de esto, Jesús salió y se fijó en uno de los que cobraban impuestos para Roma. Se llamaba Leví, y estaba sentado en el lugar donde cobraba los impuestos. Jesús le dijo: Sígueme. Entonces Leví se levantó, y dejándolo todo siguió a Jesús. (Lucas 5:27 y 28)

Como ya hemos mencionado anteriormente, Jesús nos invita a seguirle para que pueda restaurar en nosotros las cuatro rupturas producidas por el pecado y para que nos unamos a Él en su misión de restaurar el mundo, de hacer que el universo pueda llegar a ser aquello que Dios pretendió y el pecado impidió que fuera.

Pero para poder seguir a Jesús hay un precio que se debe pagar. Hay cosas que debemos dejar para poder entregarnos a la tarea de colaborar con Él. Hay cosas, que a menos que las abandonemos, impedirán que Jesús nos restaure y podamos colaborar con Él en restaurar a otros.

Seguir a Jesús implica la necesidad de pagar un precio. Leví, el funcionario de hacienda, pagó un precio. El evangelio de Lucas nos indica que Pedro, Santiago y su hermano Juan dejaron su negocio de pesca para seguir a Jesús (Lucas 5:11)

Los relatos de los diferentes evangelios nos muestran a personas que deseaban seguir a Jesús, sin embargo, cuando el Maestro les indicó el precio que debían de pagar no estuvieron dispuestos. Marcos nos narra uno de esos intentos fracasados de seguimiento de Jesús

  • Cuando Jesús iba a seguir su viaje, llegó un hombre corriendo, se puso de rodillas delante de él y le preguntó: -Maestro bueno, ¿Qué debo hacer para alcanzar la vida eterna? Jesús le contesto: -¿Por qué me llamas bueno? Bueno solamente hay uno: Dios. Ya sabes los mandamientos: "No mates, no cometas adulterio, no robes, no mientas en perjuicio de nadie, ni engañes, y honra a tu padre y a tu madre." El hombre le dijo: -Maestro, todo eso lo he cumplido desde joven. Jesús le miró con afecto y le contestó: -Una cosa te falta: ve, vende todo lo que tienes y dáselo a los pobres. Así tendrás riquezas en el cielo. Luego ven y sígueme. El hombre se afligió al oír esto, y se fue triste, porque era muy rico. (Marcos 10:17-22)

Sin duda, su deseo de seguir a Jesús era sincero y honesto. Desgraciadamente, el precio que debía pagar era demasiado alto para él.

No se puede seguir a Jesús sin pagar un precio. Cada persona tiene que asumir un precio único y singular. No hay comparaciones posibles. Lo que Jesús le pida a fulanito es totalmente diferente de lo que puede pedirle a menganito. El precio es personal, singular y único. Aquello que se le exige a una persona puede parecer ridículo a los ojos de otra. No importa, el precio es algo muy íntimo y personal que no puede ser comparado ni cuantificado con el precio de otra persona.

Jesús no quiere creyentes, desea seguidores. Creer puede ser simplemente una mera cuestión intelectual. Creer puede convertirse únicamente en estar de acuerdo con ciertas proposiciones cognitivas, cierta información factual, una determinada cosmovisión. Seguir a Jesús implica un estilo de vida diferente, radical, contracultural.

Se puede creer en Jesús sin necesidad de apenas modificar nuestra forma de vivir. Es imposible seguirle sin modificar nuestra manera de vivir.

Tal vez es por eso, que Jesús nos invita a calcular bien ese precio antes de tomar una decisión impulsiva, no meditada, no pensada, no calculada. Lee estas palabras que dirigió a un grupo de personas que deseaban seguirle y que encontrarás en el evangelio de Lucas

  • Y el que no toma su propia cruz y me sigue, no puede ser mi discípulo. Si alguno de vosotros quiere construir una torre, ¿Acaso no se sentará primero a calcular los gastos y ver si tiene dinero para terminarla? No sea que, una vez puestos los cimientos, si no puede terminarla, todos los que lo vean comiencen a burlarse de él, diciendo: "Este hombre comenzó a construir, pero no pudo terminar." O si un rey tiene que ir a la guerra contra otro rey, ¿No se sentará primero a calcular si con diez mil soldados podrá hacer frente a quien viene a atacarle con veinte mil? Y si no puede hacerle frente, cuando el otro rey esté todavía lejos, le enviará mensajeros a pedir la paz. (Lucas 14:27-32)

Hay un precio a pagar por seguir a Jesús y es personal y único. Pero déjame decirte que ese precio es también dinámico. Lo es, porque así es la vida, dinámica. No somos seres estáticos, estamos en constante, continuo y creciente cambio y, consecuentemente, nuevas circunstancias, nuevas experiencias y nuevos estados se incorporan a nuestra realidad vital. Eso implica que nuevos precios deben de ser pagados. Nuevas cosas deben de ser dejadas. Nuevas decisiones deben ser tomadas.

Por tanto, si la vida es dinámica, nuestro seguir a Jesús debe serlo y, deberemos evaluar si hay nuevos precios que Él nos pide que paguemos, nuevas cosas que nos demanda dejar. Jesús mismo habló de este aspecto dinámico de seguirlo a Él.

  • El que quiera ser mi discípulo, olvídese de sí mismo, cargue con su cruz cada día y sígame. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; en cambio, el que pierda su vida por causa mía, la salvará. ¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero, si se pierde o se destruye a sí mismo? (Lucas 9:22-27)

Déjame llamarte la atención acerca de dos palabras de Jesús, cada día. Reflejan muy bien el carácter dinámico del que antes hablábamos. Cada día hemos de evaluar si existen precios que hemos de pagar, cosas que hemos de dejar que nos pueden impedir el seguir a Jesús, que pueden impedir que restaure en nosotros las cuatro rupturas. Que puedan impedir que nos convirtamos en agentes de restauración en un mundo roto.

Me gustaría pedirte que hablaras con Jesús. Sé honesto y sincero con Él. Trata de identificar qué precio te pide que pagues para poderlo seguir y colaborar con Él.